Derechos y deberes

Daniel Riobóo Buezo

Normalmente se nos llena la boca hablando, y exigiendo, nuestros derechos. Y no nos falta razón, es la plasmación legal de lo logrado por las sociedades avanzadas, libres y democráticas. Pero a menudo nos olvidamos de los deberes. Y en los deberes, como en los derechos, prevalecen y nos obligan la ley y las normas.

No hay que olvidar que estamos en estado de alarma, una medida excepcional solo adoptada hasta ahora una vez en los 42 años de democracia. En la situación de confinamiento y cuarentena que vivimos todos podemos sufrir situaciones de angustia, bajones anímicos y hasta la tentación de criticar a las autoridades o fuerzas de seguridad por no dejarnos salir a la calle salvo para comprar o trabajos esenciales y por poder ser hasta sancionados económicamente por ello.

Creo que si lo hacemos nos equivocamos. Si las autoridades sanitarias y gobiernos, en la mitad de naciones del mundo ya han decretado el confinamiento es porque están seguros de que es la mejor forma de detener la propagación exponencial del virus hasta que al menos dejen de estar colapsados los sistemas sanitarios en países como España o Italia. No es sólo una cuestión de que tu te puedas contagiar de alguien infectado. Es que tu, sin sospecharlo, puedes ser portador asintomático del COVID-19 y contagiar a otros. ¿Realmente podemos cuestionar permanecer en casa uno, dos o tres meses si es necesario si a cambio podemos salvar vidas?

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[Según el diccionario de la RAE un derecho es la facultad de hacer o exigir todo aquello que la ley o la autoridad establece en nuestro favor mientras un deber significa estar obligado a algo por la ley divina, natural o positiva]

Fauna salvaje en las ciudades

Daniel Riobóo Buezo

Lo vimos en un capítulo de la recomendabilísima serie Chernobyl cuando, tras el abandono repentino de los seres humanos por la explosión del reactor nuclear, los únicos que quedaron en Pripyat fueron los animales, domésticos y más tarde salvajes. En menor medida lo empezamos a ver ahora también en nuestras propias calles. Mientras los perros hacen horas extra y todos en las familias se rifan pasearlos, la fauna salvaje empieza tímidamente a recolonizar las ciudades ante el confinamiento por el coronavirus. Un artículo en La Vanguardia de Antonio Cerrillo, premio nacional de medio ambiente, explica muy bien hoy cómo los animales están recuperando su protagonismo perdido en las urbes.

Seguro que habéis visto alguna imagen en los informativos o en las redes sociales. Hay pavos reales desplegando su plumaje en plena calle en busca de comida, mucha mayor presencia de todo tipo de aves y por las noches los jabalíes y los zorros visitan los centros urbanos aprovechando el menor ruido y la ausencia de seres humanos y coches. Y eso sólo en España. En otras latitudes mapaches, monos o leopardos están adentrándose en espacios vedados para ellos hasta hace muy poco. No hay que asustarse pero sí puede hacernos reflexionar. ¿Eran las ciudades solo nuestras y de nuestros animales domésticos o eran también de otros animales y les habíamos expulsado?

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[Algunos pavos reales  en Madrid están abandonando sus recintos en busca de comida]

El cainismo español

Daniel Riobóo Buezo

Además del COVID-19, en España creo que tenemos otro virus, en este caso permanente: el sectarismo. De cualquier signo. Consiste en criticar ferozmente, haga lo que haga y tenga o no razón, a quien ideológicamente no es de los tuyos. Especialmente queda patente en las redes sociales, donde cada usuario tiene un altavoz a su alcance. Me encanta la libertad de expresión y por supuesto que cada uno es libre de opinar lo que quiera pero me entristece ver tanto cainismo y crispación. A pesar de que estamos en 2020 y ya han pasado 81 años desde que terminó, creo que como país aún no hemos superado del todo la Guerra civil.

Por supuesto que hay que ser exigentes con los gobernantes y responsables de todas las administraciones. De ahí al eterno y continuo enfrentamiento ideológico que veo, especialmente en Twitter, creo que hay un mundo. Esta crisis del coronavirus tiene muchos condicionantes bélicos aunque el enemigo sea invisible. Es algo que no hemos vivido una generación entera y nos ha pillado a todos desprevenidos. Ya habrá tiempo para pedir responsabilidades por errores y negligencias si es necesario. Pero no creo que ahora mismo sea el momento para andar a la gresca. Pienso que esta crisis debería unirnos a todos. Bien estaría poner en cuarentena el cainismo y remar todos juntos por una vez.

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[“Duelo a garrotazos” o “La riña” es una de las pinturas negras que Francisco de Goya realizó para la decoración de la Quinta del Sordo, la casa que adquirió en 1819. Este cuadro ha sido visto desde su creación como una representación de la lucha fratricida entre españoles; en época de Goya las posiciones enfrentadas eran las de liberales y absolutistas. Desde 1881 está expuesto en el Museo del Prado].