Ingeniero Devops, el engranaje perfecto

Por Daniel Riobóo (Madrid)

Si Devops te suena a chino, escucha. Es un término asociado a un perfil relativamente reciente y muy ligado a la ingeniería. También es un rol fundamental en las empresas involucradas en un proceso de transformación digital del que se hablará en Retina, el foro Iberoamericano que El País organiza en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid los próximos 10 y 11 de mayo. Puedes comprar tus entradas para el evento aquí.

DevOps es un acrónimo de development (desarrollo) y operations (operaciones) donde desarrollo significa creación de software y puesta en marcha de nuevas funcionalidades basadas en los requisitos de los clientes y operaciones se refiere al mantenimiento del servicio para conseguir la mejor experiencia de usuario.

Para comprender mejor de que se trata, como indica el técnico de sistemas Aitor Alegría, primero hay que hablar de las metodologías ágiles. Según estas no existe un patrón de trabajo en el que unos realizan el desarrollo y otros, los clientes, lo explotan en Operaciones sino que colaboran entre ellos, creándose equipos de trabajo compuestos. “El ingeniero DevOps es clave porque tiene una labor de árbitro entre ambos mundos para definir procesos útiles y poder detectar errores más temprano”.

En cambio, en el modelo anterior de Operación, cuando el cliente recibía un producto de softwarefinalizado y detectaba los errores y nuevos requisitos ya era tarde y se perdía mucho tiempo. Para aclarar el término para los profanos, según Alegría se pueden comparar con un entrenador de fútbol y uno de baloncesto. El primero solo tiene tres cambios y por tanto menos opciones para corregir los errores mientras el segundo, como ocurre en la filosofía DevOps, puede hacer los cambios que quiera cada vez que detecta que algo no funciona.

Y es que en muchas grandes compañías las áreas de desarrollo y de operaciones se encuentran alejadas, incluso situadas en diferentes localizaciones geográficas. A ello se suman diferencias e interferencias de los procesos de ambos departamentos. El problema a superar, como indica Augusto Sánchez, ingeniero deAmadeus (patrocinador de RETINA) durante 15 años, sucede cuando “los objetivos de ambas partes no coinciden”. Para solucionarlo es preciso que ambas áreas sigan los mismos procesos y utilicen el mismo lenguaje y las mismas herramientas de automatización.

Sánchez también puntualiza que “si bien puede hablarse de una posición, por encima de todo es una metodología que la empresa tiene que asumir para ser más efectiva”. Así, ya entrando en el rol concreto, “un ingeniero DevOps debe ser el engranaje en una máquina que funciona como un conjunto y tiene que ser consciente de que esto es lo realmente importante y no sólo de que su parte sea la mejor”. Sin duda es una figura clave en los procesos de transformación digital ya que es una persona o un equipo de trabajo dedicado a que los procesos globales se lleven a cabo de la manera más eficiente posible.

El perfil que predomina entre estos profesionales tiene formación en ingeniería completada con cursos de procesos y habilidades de negociación y comunicación y, a ser posible, con experiencia en los dos mundos, es decir, que haya trabajado en departamentos de desarrollo y de operaciones.

Entre las cualidades de estos profesionales tan cotizados deben resaltar la orientación al proceso (y no sólo a su tarea), el trabajo en equipo y la empatía y humildad para aceptar que el resultado final es más importante que su rendimiento particular. También son muy valoradas la proactividad y el liderazgo para prevenir los problemas del proceso antes de que ocurran.

En definitiva, DevOps es una metodología basada en la integración entre desarrolladores y administradores de sistemas. Esta unión es especialmente útil en el nuevo entorno de desarrollo de productos digitales para los que el usuario final y/o el cliente interno demandan más flexibilidad, calidad y rapidez, un menor coste y una altísima frecuencia de entregas.

El Growth Hacker, pieza clave para el posicionamiento

Daniel Riobóo (Madrid)

La economía digital se mueve a velocidad de vértigo. La novedad de hoy no lo será ya tanto el mes que viene y, al año siguiente, probablemente una nueva startup haya ocupado tu lugar si no has sabido posicionarla adecuadamente y hacerla crecer en tiempo récord. De los casos más exitosos se ocupará RETINA, el foro iberoamericano de transformación digital de EL PAÍS que se celebra del 10 al 11 de mayo en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Puedes comprar tus entradas para el evento aquí.

Conseguir esa notoriedad mediática, hacer de la viralidad un objetivo diario, aumentar exponencialmente los usuarios de la web en el menor tiempo posible y que estos se traduzcan en conversiones son algunas de las misiones del Growth Hacker, el nuevo director de orquesta sin cuya presencia el proyecto desafinará.

El Growth Hacking es el nuevo marketing aplicado a la economía digital. Se nutre del pensamiento analítico, la experimentación, las métricas web y de redes sociales y, por supuesto, de la creatividad de sus profesionales. Desde las campañas publicitarias tradicionales se ha pasado a las alternativas innovadoras y de bajo coste. La inversión en este caso no consiste en grandes presupuestos publicitarios sino en tiempo, experimentación, creatividad y perseverancia. Pero cuanto más rápido mejor.

Como tantas grandes ideas, el Growth Hacking surgió de una necesidad. La de los propios emprendedores que querían crecer rápidamente pero no disponían del músculo financiero para llevar a cabo campañas de marketing tradicionales. Para contrarrestarlo desarrollaron técnicas que les permitieran conseguir adquirir clientes de la forma más rápida y económica posible pero sin descuidar un fundamento básico, que el producto o servicio resuelva una verdadera necesidad del consumidor. Con este punto de partida, se trata de fijar unos objetivos de marketing y experimentar con las nuevas técnicas y herramientas y medir continuamente los progresos hasta dar con la fórmula óptima para adquirir y retener clientes.

El fin último del Growth Hacking es poder escalar un negocio, multiplicar los beneficios en poco tiempo sin incurrir en grandes gastos más allá de la inversión inicial. Para Anita Newton, asesora de marketing de StartUps, el objetivo “es convertir tu negocio en una máquina de adquirir clientes”. Para ello, “la medición adecuada de los resultados mediante herramientas analíticas es un elemento crítico para conocer si las técnicas de growth hacking están teniendo éxito”. Y para llevarlas a cabo, según Newton, “es vital dejar de pensar como un responsable de marketing tradicional y hacerlo  como un científico de datos, utilizando la experimentación estructurada para saber que técnicas y herramientas están funcionado para crecer”.

Esta metodología de la experimentación estructurada sigue unos pasos. Primero, se identifica una mejora que se quiere conseguir. Después se crea una hipótesis y, posteriormente, se lleva a cabo el experimento. Si este proceso prueba que ha mejorado nuestro negocio podrá ser adoptado. Si no, habrá que probar con otra fórmula y comprobar de nuevo si funciona. Al final se trata del acierto y error aplicado a la economía digital. Sin las técnicas ejecutadas por algunos de los mejores profesionales en los últimos años, muchas reunidas en este paper de Giancarlo Falconi, no hubiera sido posible el éxito de empresas como Uber,Spotify o AirBnB.

En su día a día los growth hackers deben hacer trabajo de campo y experimentar sin pausa: pruebas A/B de ensayo y error, destripar la analítica hasta dar con el acorde adecuado del comportamiento del consumidor, hacer del SEO su banda sonora diaria, todo ello para conseguir optimizar el marketing al menor coste posible. De su eficacia en tocar las teclas adecuadas dependerá en gran medida que pueda emitirse una bella melodía, la del éxito de la startup.