Las Salinas de Añana, el tesoro recuperado de Álava

Las Salinas de Añana, en el Valle del Salado de Álava, conforman uno de los paisajes más sorprendentes del País Vasco y un enclave todavía relativamente desconocido para el turismo.

El Paisaje Cultural del Valle Salado es un destino por descubir

El Paisaje Cultural del Valle Salado es un destino por descubir

Texto:DANIEL RIOBÓO (@DANIRIOBOO)

Constituyen un fenómeno único en el mundo ya que, desde hace 6500 años, han producido sal en un proceso que prácticamente no ha variado desde los romanos. Pero en su larga historia también hay un periodo de decadencia que, en los últimos años, con la puesta en marcha de un proyecto de recuperación, le ha permitido vivir una segunda oportunidad.

El Valle del Salado, a tan sólo 30 kilómetros al oeste de Vitoria, nos permite contemplar unpaisaje único que parece sacado de otro tiempo y que en verano, con sus terrazas blanquecinas que cuelgan de las laderas, recuerda a otras latitudes. Se trata de un valle salino milenario y resiliente, que ha sabido sobrevivir a los cambios socioeconómicos, políticos e históricos adaptando la superficie de las eras que lo forman a lo que el mercado demandaba (así, fue fábrica de sal durante 6500 años y ahora se reinventa como referente de calidad en la producción de sal y como centro turístico y experiencial).

UNA HISTORIA DE PRODUCCIÓN DE SAL

La historia de las Salinas de Añana comienza hace 6500 años. Gracias a las excavaciones arqueológicas y a los restos de cenizas hallados, se ha conocido cómo se producía la sal en la prehistoria (el agua salada se dejaba en vasijas de cerámica y, tras ser calentada a fuego vivo, producía bloques de sal más fáciles de transportar a otras poblaciones para su venta). Desde el Neolítico y durante más de 4500 años se utilizó el fuego, hasta la llegada de los romanos en el siglo II A.C., cuando construyeron la salina prácticamente tal y como la conocemos hoy.

En el siglo V se deshace el asentamiento romano y la población se traslada a vivir al actual Valle del Salado donde paulatinamente se agrupó según hábitos feudales y eclesiásticos en pequeñas aldeas en las que todos querían controlar la producción. Bajo el reinado deAlfonso I El Batallador, rey de Aragón y Navarra, se construyó una muralla alrededor de las dos poblaciones del valle, y se le otorgó el título de villa en 1114, la primera del País Vasco. Entonces también se creó la comunidad de caballeros y herederos de las Reales Salinas de Añana que aún sigue vigente (si bien a finales del siglo XX los antiguos propietarios cedieron la propiedad de la salina a la Fundación que hoy las gestiona aunque siguen manteniendo acciones).

Pueblo de Añana

Pueblo de Añana

EL PAULATINO OCASO DE AÑANA

A lo largo del tiempo, Añana también se vio afectada por numerosas guerras y revueltas y, en época de Felipe II, se decretó el Estanco de la sal en Castilla por el que se llegó a un acuerdo de producción con los salineros para uniformar el precio de la sal y recaudar impuestos para la corona. Además se enviaron ingenieros que construyeron gran parte de lo que es la instalación actual.

Posteriormente, los arquitectos del siglo XIX perjudicaron la sostenibilidad del lugar al apostar por materiales más duros para las eras como la piedra y el canto rodado. De esa manera conseguían una sal mucho más blanca pero con el pernicioso efecto secundario de ir sobrecargando el terreno con materiales más pesados. Además, a finales de siglo, el mercado de la sal se liberaliza (el Estanco termina en 1870) y con la industrialización y los nuevos sistemas de transporte el precio de la sal cayó abandonándose poco a poco la producción.

Para hacerse una idea del rápido ocaso del Valle, en los años 60 del siglo XX vivían cerca de mil personas y había cerca de 5 mil plataformas de producción; en el año 2000 tan sólo quedaba un salinero con una granja de 40 eras. Así, en tan sólo 40 años estuvo a punto de desaparecer una producción milenaria y es ahí cuando se alcanza el punto de inflexión con la revitalización del proyecto.

Así es el paisaje salado de Álava

Así es el paisaje salado de Álava

EL NUEVO PROYECTO DE LAS SALINAS DE AÑANA

A comienzos del presente siglo es cuando se toma conciencia de la necesidad de transformar el territorio deteriorado y poner en valor la producción artesanal de sales de calidad. La nueva gestión está reconstruyendo un paisaje milenario que ya está recuperando el segundo tercio del total de eras productivas del Valle del Salado. El proyecto ya ha cumplido 16 años y ha recibido el premio Europa Nostra, el mayorgalardón de conservación de patrimonio a nivel europeo y en 2014 fue candidato a Patrimonio Mundial de la Unesco, además de estar consideradas como monumento histórico.

Las salinas tienen en la actualidad una extensión de 6km de largo por 3 de ancho en un valle de 120.000 m2 íntegramente dedicados a la producción salinera, en su momento de mayor apogeo. De la parte alta de la instalación brotan manantiales naturales de agua salada de los que parten tres canales principales y una red de subcanales desde los que la sal llega a toda la instalación y que en verano, con sol y buen tiempo, permiten producir la sal.

LA FORMACIÓN MILENARIA DE LAS SALINAS

En las Salinas de Añana sólo se produce sal de forma artesanal durante los meses de primavera y verano, aproximadamente del 1 de mayo al 15 de septiembre, cuando las altas temperaturas permiten la evaporación natural, al contrario que en las grandes fábricas industriales que producen sal durante todo el año.

A lo largo del valle existen numerosos conductos o canales, llamados “rollos”, que reparten la salmuera desde los manantiales donde brota naturalmente con una concentración siete veces superior a la del agua del mar, y que se ha ido formando naturalmente a lo largo de millones de años al entrar agua de mar e ir creando un sedimento de sal bajo la tierra. Este es presionado por materiales más duros de los estratos superiores para hacer que la sal suba a la superficie como si de una burbuja se tratase acompañada de los materiales que va encontrando a su paso (arcilla, rocas calizas, etc.).

Las temperaturas muy altas no son adecuadas, lo idóneo es tener de 23 a 28 grados de temperatura con el viento norte que trae la humedad necesaria para la recogida de sal. Todos los salineros producen a la vez en verano, en un sistema semejante a los regadíos donde cada salinero tenía adjudicado su turno de agua salada para la producción de sal. El material estrella de la salina es la greda, la arcilla producida de forma natural y que, llegado el turno, se retira para que el agua fluya en su propiedad y cuando este termina, se vuelve a poner para pasar el turno al siguiente salinero. Las disputas no eran por ver quién producía más o menos sal sino por el derecho al tesoro más preciado, la salmuera o agua salada por lo que había picaresca y se podían hacer agujeros en la arcilla para que siguiera llenándose el depósito.

Los diferentes tipos de sal de Añana

Los diferentes tipos de sal de Añana

Alamy

NUEVA SAL DE CALIDAD

El mercado de las sales cada vez está más en auge ofreciendo una mayor variedad de colores y sabores. Con el uso de los nuevos materiales ha cambiado de color obteniéndose una sal blanquísima y brillante sin ningún tratamiento.

Desde el inicio de la recuperación del proyecto se tuvo claro que Añana no volvería a ser la fábrica que fue sino que se debía primar la producción de sal de calidad sobre la cantidad. Así, en los últimos años se ha logrado producir una sal gourmet utilizada por grandes cocineros como Dani García, Martín Berasategui, Andoni Aduriz o Joan Roca.

Son un total de diez chefs con 26 estrellas Michelin los embajadores de la sal de Añana, que la utilizan en sus restaurantes avalando su calidad: ésta no sala en exceso, y utilizando mucha menos cantidad consigue potenciar e intensificar los sabores de los alimentos por la riqueza en minerales y oligoelementos de una sal con 200 millones de años de sedimentación.

CUATRO TIPOS DE SAL

En las salinas de Añana se consiguen cuatro productos: la sal mineral, la flor de sal, la sal líquida y el chuzo o estalactita de sal.

La sal mineral se utiliza más para cocer y hacer guisos; mientras, la flor o escama de salse aplica directamente sobre el producto ya cocinado y además es visualmente más atractiva. La sal líquida contiene la misma salmuera que brota de los manantiales y se utiliza para aliñar ensaladas y para productos cocinados al horno, plancha y parrilla (se rocía sobre el alimento cristalizando formándose una película de sal). Por último, el chuzo de sal ha pasado de ser un producto ignorado y al que históricamente no se le daba ningún valor a convertirse, tras distintos estudios y catas de sal, en el producto más exclusivo y gourmet ya que la sal que se obtiene de ellos es muy fina y muy potenciadora del sabor. Recientemente se ha lanzado al mercado con un precio de 600 euros el kilo.

Además, desde 2012 se ha creado una colección de diez sabores surgidos por la necesidad y la gran demanda en el mercado. Así, la sal de Añana se ha fusionado con diferentes sabores de la dieta mediterránea y otros más exóticos como la aceituna, cayena, finas hierbas, sal de de vino, de curry o de pimienta negra.

EL PROYECTO CULTURAL

El otro proyecto de las Salinas de Añana es el cultural, para la divulgación, el aprendizaje y la investigación de nuevas aplicaciones de la sal. Actualmente, prácticamente la mitad de la salina está recuperada y además se han creado zonas de ocio, disfrute y turismo y una tienda en donde pueden adquirirse los distintos tipos de sal.

En mayo se inaugura la cosecha con un cocinero de renombre;  en septiembre se celebra la fiesta de fin de cosecha (el entroje) e incluso se disputa un maratón de montaña que termina en el Valle del Salado. Mientras, en verano, el periodo visualmente más atractivo, podrás aprender a producir sal; además también hay un graderío en donde se realizan eventos. El día más importante es el 10 de julio, San Cristóbal, cuando cerca de cien personas del pueblo representan una recreación histórica. Además en la instalación existe un pequeño SPA al aire libre donde se pueden introducir piernas y brazos para disfrutar de los beneficios relajantes de un agua hasta siete veces más salada que la del mar.

La visita a las salinas se completa con una cata en su centro de interpretación en donde podemos poner a prueba nuestros sentidos. No sólo el gusto sino también la vista, el olfato y el tacto ya que en la misma se proponen varios juegos para intentar distinguir sabores, texturas, olores y colores y que sirve para redondear una visita tan sorprendente y atractiva como instructiva.

*Para visitar las Salinas de Añana hay que hacerlo a través de alguna de las visitas guiadas (muy completas) que ofrece la fundación, previa reserva a través de su página web o por teléfono llamando al +34 945 351 111 o a través del mail reservas@vallesalado.com

La forma de producir sal, totalmente tradicional

La forma de producir sal, totalmente tradicional

Juan Sin Miedo, el deportista extremo sin límites

Por Daniel Riobóo Buezo 

Juan Menéndez Granados es un deportista extremo asturiano de 32 años que lleva desde 2003 afrontando retos de dificultad creciente en los entornos más remotos y complicados del planeta. Frente a otros exploradores, Juan los recorre en bicicleta y sin asistencia técnica. Por eso su apodo es Juan Sin Miedo, porque su lema es que el miedo es su gran aliado. Juan comenzó en 2003 con la Transpirenaica y después ha recorrido en bici Escocia, el Atlas marroquí, ha atravesado la selva del Amazonas por la Transmazónica, los Urales, Australia en diagonal, el lago Baikal helado, la isla de Groenlandia o el desierto de Atacama. Además, ha sido el único ser humano en llegar al Polo Sur en bicicleta y sin asistencia en una travesía que duró 46 días soportando temperaturas extremas, quizá su gran hazaña hasta el momento. Hemos hablado con él para conocer sus motivaciones, las sensaciones experimentadas, su modo de vida y su próximos retos.

Juan Menéndez Granados es un deportista singular y enormemente sacrificado.

¿Cuando y por qué decides acometer los retos extremos que has hecho? ¿En qué momento dijiste: “Esto es lo que quiero hacer con mi vida”?

Todo empezó poco a poco, desde que a los 16 años hice el Camino de Santiago. Los objetivos se fueron sucediendo, pasando de viajes en bicicleta a expediciones de dificultad. El momento clave fue la travesía a los Pirineos, cuando tenía 20 años. Ahí me di cuenta de que tenía mucho recorrido como deportista, y que tenía mucho mundo por pedalear.

¿Quiénes son tus referentes en la exploración y el deporte extremo?

Es una pregunta difícil. Hay personas que por su valor y la pureza con la que hacen sus aventuras inspiran. No tengo un referente/es muy definidos, pero sí que me he fijado en Borge Ousland, Mike Horn, Christian Eide…

¿Sientes que hacer expediciones extremas es una necesidad vital que te impide tener un trabajo normal e irte de vacaciones un mes como cualquier otra persona? ¿Se ha convertido en un modo de vida irrenunciable?

Es sin duda un estilo de vida. Es diferente. Muy sacrificado. Supone renunciar a muchas cosas, y no siempre es fácil, a pesar de que estoy persiguiendo el sueño de hacer y dedicarme a lo que me gusta.

El mayor logro de Juan hasta ahora ha sido alcanzar el polo sur sin asistencia técnica.

Como señalas en tu libro sobre la expedición al Polo Sur, Nelson Mandela decía que el coraje no es la ausencia del miedo sino el triunfo sobre él y que el valiente no es quien no siente miedo sino aquel que lo conquista. ¿Cual es tu relación con el miedo?

Una relación muy especial. La mayoría de la gente me conoce como “Juan Sin Miedo”. Eso no significa que no tenga miedo. Es todo lo contrario. El miedo me ayuda a tomar decisiones, a mantenerme con vida. Hay algunas situaciones que te llevan al límite, y necesitas estar concentrado, decidir y actuar para sobrevivir. Se puede decir que, en ocasiones, el miedo es mi aliado.

A pesar de haber conseguido hitos únicos en el deporte extremo, para poder llevar a cabo tus retos trabajas durante varios meses al año en Noruega. ¿Es tan difícil conseguir financiación por parte de patrocinadores para llevar a cabo tus expediciones? ¿Se apoya poco en España a los expedicionarios?

Es más difícil conseguir la financiación para mis expediciones, que pedalear al Polo Sur… Parece una broma, pero va muy en serio. Es lo más difícil, lo que más cuesta, lo más agotador. Se ha progresado, pero nos sigue costando apostar por este tipo de cosas en nuestro país. No hay la suficiente cultura de exploración. En USA, Inglaterra, Noruega, Alemania hay más cultura, más tradición, más apoyo… Espero que los esfuerzos de gente como yo faciliten las cosas para los que vengan detrás.

Para financiar sus expediciones, Juan trabaja varios meses al año en Noruega.

Las experiencias límite vividas en tus aventuras te han hecho conocer los límites del sufrimiento físico y psicológico. ¿Cuales han sido las situaciones más extremas y en qué medida te ha cambiado lo vivido?

He tenido situaciones límite en cada expedición. Desde deshidrataciones en Australia, hasta no poder avanzar por el viento a más de 5.000m en los Andes, pasando por los últimos 4 días en la Antártida sobreviviendo a base de chocolate bebible con aceite. Todas y cada una de estas experiencias te cambian. Te transforman. Te hacen formarte como persona y apoyarte en valores nobles. Aprecias la vida, y aprendes a disfrutar de cada instante.

Junto al esfuerzo físico necesario, la carga emocional que deben suponer tus expediciones debe ser alta. ¿Cómo afrontas el hecho de enfrentarte en solitario a desafíos tan extremos?

La soledad es una compañera difícil. Hay que saber entenderla y lidiar con ella. Hay veces que te encuentras mal y estar en solitario en un entorno tan extremo no ayuda. Es cuando tienes que sacar lo mejor de ti mismo.

El miedo y el sufrimiento son los compañeros de viaje de Juan Menéndez.

Al terminar, la satisfacción y descarga de adrenalina deben ser extraordinarios. ¿Cómo te sientes en ese momento? ¿En quién o en qué sueles pensar?

El conseguir lo aparentemente imposible es algo inolvidable, indescriptible. Te acuerdas de esos momentos en los que no podías más y seguías adelante, y de esas personas que te han apoyado siempre, incluso en los momentos más complicados. También en toda esa gente que me deja mensajes de ánimo y que me sigue por las redes sociales.

Además de tus expediciones, durantes los meses de entrenamiento cuando estás en España das conferencias a empresas, estudiantes y otros colectivos. ¿Qué es lo que quieres transmitir a través de ellas?

Siento verdadera vocación por transmitir cómo me enfrento a mis miedos, cómo los supero, y cómo logro objetivos a priori casi imposibles. La incertidumbre, la adversidad, los imprevistos, la planificación previa, la toma de decisiones, el liderazgo, la confianza… Todos ellos son factores a tener muy en cuenta, en la vida y en el mundo empresarial. Es un honor transmitir mis experiencias a diversos públicos. Espero poder ayudar a mucha gente con mis conferencias motivacionales e inspirarles a perseguir sus sueños.

En conferencias y charlas motivacionales Juan transmite el aprendizaje de sus experiencias.

¿Cómo son los meses previos y los entrenamientos para las expediciones?

Muy intensos, con muchas incertidumbres, cargados de ilusión por explorar y descubrir sitios fascinantes. Hay, aparte de los entrenamientos, una gran carga de organización logística. Son muchos los pequeños detalles que pueden echar por tierra meses de trabajo, y en los que no puedes fallar.

¿En qué consiste tu próximo reto? 

En pedalear en solitario más de 2.000 kilómetros por las zonas más remotas de Mongolia (creemos que serán unos 2.500km por las estimaciones que estamos haciendo). Atravesaré cadenas montañosas, estepas, y parte del desierto del Gobi y otro desierto de grandes lagos. Necesitaré unos 40 días para completar la travesía, y haré una aclimatación previa de 8-10 días.

Como buen asturiano, al concluir sus retos Juan brinda con sidra natural.

¿Cuales son las principales dificultades que te encontrarás?

El frío (al principio las temperaturas serán de -15 a -20 grados), la soledad, la falta de agua, la altitud, el viento, el vadeo de algunos ríos en las estepas…Va a ser muy emocionante y una aventura con mayúsculas y la gente podrá seguir el día a día a través de mi página web, facebooktwitter e instagram. Quiero dar las gracias de nuevo a toda la gente que me sigue, por estar pedaleando conmigo desde sus casas.

Vicente Barranco, el maratoniano universal

Por Daniel Riobóo Buezo 

Vicente Barranco es un ingeniero de telecomunicaciones madrileño de 52 años con nada menos que 50 maratones a sus espaldas o, mejor dicho, en sus piernas. Este dato no sería tan sorprendente si esos 50 maratones no los hubiera corrido por todo el mundo. Hasta ahora Vicente ha completado los míticos 42 kilómetros en 43 ciudades de 27 países (29 si consideramos Irlanda del Norte y Escocia) en los cinco continentes. Para conocer mejor su proyecto único, le visitamos en su casa de Madrid. A la entrada, una maqueta de gran tamaño de un barco constuída por él durante dos años nos demuestra lo paciente y meticuloso que es, aptitudes de gran ayuda para preparar y decidir acometer la titánica tarea de recorrer el mundo corriendo maratones.

Vicente exhibe en su salón todas las medallas conmemorativas de los 50 maratones terminados.

¿Cuando y por qué empezaste a correr? Porque tu pasión por correr empezó mucho antes de la fiebre contemporánea por el running…

Precisamente mi motivación fue lo que ahora no encuentro, la posibilidad de poder hacer deporte solo en un sitio abierto porque, no es una crítica, pero para correr tampoco hace falta ir en un rebaño de 200 personas. En cambio, yo empecé a correr porque me quedé solo. Me gustaban los deportes de equipo pero a media que vas cumpliendo años, empecé a los 27, los amigos están muy ocupados con trabajos, novias y demás y al final es muy difícil poder quedar para formar un equipo de cuatro o cinco personas para otros deportes. Así vi que solo podía hacer deportes de equipo en los veranos en Soria en el pueblo de mis padres. Mi cuerpo me pedía continuar y por eso empecé a correr solo porque además vivía cerca del Retiro y así empecé.

¿Qué es lo que te aportaba correr frente a otros deportes que habías practicado antes?

Al principio no me aportaba nada porque los inicios en cualquier cosa son duros. Seguí un poco por constancia y porque correr forja un carácter. Y poco a poco fui viendo como mejoraba, di un salto al utilizar unas zapatillas específicas para correr, es lo más importante más allá de las modas de vestimenta y tecnológicas asociadas hoy al running. Cuando a los pocos meses vi que mejoraba bastante es cuando ya me enganché.

Y poco a poco fuiste subiendo de distancias…

Si, empecé por carreras de 10 kilómetros en Madrid y luego probé la media maratón. Aquí desde siempre ha habido muchas carreras, la de Canillejas, San Silvestre, las medias maratones. Como vi que seguía mejorando y hacía buenas marcas, a los dos años de empezar a correr salté al maratón.

Y debutaste en la gran distancia en una ciudad y un año con un significado muy especial, en Barcelona en marzo de 1992. 

Si, además fui con amigos que ya lo habían corrido antes, en este primer maratón no fui solo, era más cómodo  y siempre ir en grupo ayuda.

Y te imbuiste de espíritu olímpico…

Si, porque además el recorrido era muy bonito, comenzaba en Mataró y terminaba en el mismo estadio olímpico, tras subir a la montaña de Montjuic. Era duro subir allí tras casi 42 kilómetros, ahora ya no termina arriba, pero como era año olímpico decidieron que terminara allí.

Y poco a poco, por lo que muestra tu tabla de maratones, empezaste a realizar grandes marcas y en tu cuarto maratón, en Nueva York, en 1993, fuiste el primer español con 2:29:55 (entonces el récord del mundo estaba en 2 h 06:50.). ¿Cómo fue aquella experiencia?

Para ser el primer español tuve la suerte de que profesionales como Abel Antón o Martín Fiz, entonces los mejores maratonianos del momento, no acudieron, porque el maratón de Nueva York lleva normalmente a la élite mundial. Si llegan a ir no hubiera tenido nada que hacer para ser el primer español porque mi marca fue buena pero no para poder superar a los profesionales y dentro del segundo grupo de corredores con alto nivel me encontré yo y tuve la suerte de poder hacer una marca muy buena y ser el 56º de la general.

El maratón de Roma es de los más duros pero a la vez más inspiradores para Vicente.

¿Y es a raíz del maratón de Nueva York cuando decides exportar tu pasión por el maratón a otros países y continentes o tenías ya un plan previo?

Fue a raíz de Nueva York porque fue una experiencia muy bonita, te deja impresionado aunque hayas corrido muchos maratones. Es una ciudad enorme y es un día de fiesta para ellos, te ven miles de personas y te llevan en volandas. Entonces a partir de entonces pensé que como me gustaba viajar y correr decidí unir ambas pasiones. Si no, no hubiera viajado tanto porque no soy un turista clásico de recorrer las ciudades y hacer fotos, de hecho tengo muy pocas de mis viajes. Pero aquello sí me gustaba viajar y matar el gusanillo de correr en diferentes ciudades. Además ese día mientras corres con el tráfico cerrado, tienes la ciudad para ti. Así no tardé en probar la siguiente experiencia internacional en el maratón de Londres.

Con lo que tu afición acabó casi convirtiéndose en un estilo de vida para combinar dos pasiones aunque digas que no eres un turista al uso. ¿Aprovechabas entonces para cogerte las vacaciones para poder correr los maratones internacionales?

Si, efectivamente. Además el maratón es una cosa de la que no puedes abusar y se combinaba perfectamente. Correr un maratón dos veces al año era la excusa perfecta que me permitía planificar las vacaciones en la empresa para salir dos veces al año a correr. Si era en Europa solía coger una semana, cuando ha sido en otros continentes solía coger 15-17 días ya que para ir a Australia, China, Japón, Sudáfrica, son viajes muy largos en los que necesitas ir con antelación para superar el jet lag y poder preparar la prueba con antelación.

Y me imagino que en esos viajes también aprovechabas para visitar otras ciudades y otros santuarios del deporte, en el ahora tan en boga turismo deportivo. 

Si, visitaba otras ciudades del país. Por ejemplo en China corrí el maratón de Pekín pero también aproveché para visitar Hong Kong, Shangai, Xian. En Australia corrí en Sidney pero también fui a Darwin, Cairns, la barrera del Coral. Y también, además de monumentos artísticos visitaba estadios deportivos, de hecho muchos maratones acaban en los estadios olímpicos, como en Atenas, en el antiguo estadio olímpico (el Estadio Panathinaikó, que acogió la primera edición de los Juegos Olímpicos Modernos en 1896) y haces el recorrido original. O en Múnich, en el estadio de los Juegos del 72.

¿Cual es el maratón que más te ha gustado por su recorrido?

Además de Nueva York, los de las ciudades grandes porque en las más pequeñas la organización tiene que repetir partes del circuito o llevarlo a los alrededores en parques o bosques enormes donde casi estás solo. Me gustó mucho el de París porque recorres todas las zonas emblemáticas, también en Londres con un recorrido muy amplio por la City, Tamesis. Moscú es otro maratón muy bonito con una parte por el río y con comienzo y final en la Plaza Roja. También en Pekín terminó en el estadio olímpico. Igualmente Roma me gustó mucho si bien se corre parte sobre adoquín y te machacaba bastante. Venecia fue también muy bonito y al a vez muy curioso porque diluviaba y tuvieron que improvisar tramos de madera porque había partes inundadas y en algunas partes nos llegaba el agua hasta los tobillos.

¿Y los ambientes qué más has disfrutado?

Nueva York y en general los de Estados Unidos. Boston, un maratón emblemático con un gran ambiente, Los Ángeles, pasar por Beverly Hills y Hollywood e incluso corren actores famosos. También el de Chicago, están muy bien organizados y son una auténtica fiesta.

El maratón de Boston es uno de los que mejores recuerdos le trae a Vicente.

Y tendrás miles de anécdotas, ¿recuerdas alguna en especial?

Hay un maratón muy curioso, el de Reikiavik. Era el 15 de agosto y pasé un frío tremendo, parecía que estaba en el fin del mundo. Sólo corríamos 400 o 500 y quedé el quinto, mi mejor puesto. Pero iba tan sólo que incluso me perdí, me fui por una calle que no era y me tuvieron que ayudar, hice algunos metros de más. También tengo alguna anécdota de caídas, en Estocolmo tropecé con una persona en silla de ruedas (en ocasiones salen un poco antes) en un túnel y corrí con una rodilla sangrando e inflamada, al terminar estaba como un huevo. En Rotterdam también tuve un desfallecimiento y, al terminar, me tuvieron que poner dos bolsas de suero glucosado, estaba totalmente deshidratado. Ese día había mucha humedad e incluso Fabián Roncero, el maratoniano del momento, también tuvo que pararse.

¿Y alguna historia humana que te haya impactado?

He visto correr a personas con hijos con deficiencias y es muy bonito, antes era menos común que ahora. Además cada vez se ven más iniciativas solidarias en los maratones, es una buena ocasión para ponerlas en marcha.

Decidiste que tu maratón número 40 fuera en Tokio, donde la carrera tiene un especial simbolismo. 

Antes había corrido en Nagano que fue sede de los JJOO de invierno y decidí volver a Japón. Allí el maratón se vive como una religión, con un respeto enorme. El deporte también sirve como meditación para ellos, está todo muy relacionado. Da gusto cada vez que vas a correr allí porque te tratan como un héroe, un poco como en EEUU pero desde el punto de vista oriental. Hay un respeto enorme ese día y además hay miles de personas viéndote.

Y alcanzaste tu maratón número 50 en Múnich en octubre. ¿Qué significado ha tenido para ti?

La verdad es que a mis 52 años ya se va notando el esfuerzo cada vez más porque además he entrenado 130 mil kilómetros para correr los 50 maratones, unos 5 o 6 mil al año. Al final pasa factura en en los huesos. Por eso últimamente he decidido acortar los viajes yendo a ciudades europeas. Porque además ya no sabes si vas a terminarlos, si te va a pasar algo. Así decidí elegir un destino cercano y a la vez emblemático para el número 50, en una ciudad olímpica con el final en el estadio de los Juegos del 72.

Con el de Múnich, Vicente ha terminado ya 50 maratones.

¿Y tus próximos retos?

Una vez alcanzados los 50 maratones, este año sólo voy a correr uno. Hay dos fases concentradas, la primavera y el otoño y este año voy a saltarme el primaveral y correr uno en otoño, aún no he decidido el destino, puede que alguno de los nórdicos que me faltan, Copenhague u Oslo.

¿Qué consejos darías a quienes empiezan ahora en el maratón y pueden llegar a plantearse correr en otros países como tu has hecho?

Sobre todo, que busquen motivaciones porque los comienzos, como en cualquier actividad en la vida que requiera esfuerzo y dedicación, no son fáciles. Hay que plantearse pequeños retos poco a poco. En mi mente no estaba correr 50 maratones ni hacer los tiempos que he hecho, al principio sólo pretendía correr lo más constante que pudiera, no pensaba ni siquiera correr una carrera oficial. Fui dando pequeños pasos. El mayor éxito de la gente que empieza debe ser no desanimarse, ir cogiéndole poco a poco el gustillo e ir escuchando al cuerpo. Con constancia y pequeños objetivos se va evolucionando, además ahora hay mucha información disponible y se puede incluso entrenar en grupos para motivarse más. Quizá ahora es más fácil no desengancharse al principio, hay que llevar bien el proceso inicial para no empacharse. Las prisas y los atajos no valen, hay que ir poco a poco. También es muy importante, para la gente que empieza, que se haga un chequeo y una prueba de esfuerzo y, si es posible, con un médico especializado en medicina deportiva.