¿Nos está preparando la pandemia para afrontar el cambio climático?

Daniel Riobóo Buezo

Durante este tiempo de pandemia estamos comprobando el efecto palpable sobre el medio ambiente de una menor movilidad y actividad comercial a través de la mejora de la calidad del aire y de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero este impacto positivo es sólo temporal y está provocado por la desaceleración económica y el confinamiento. En el largo plazo lo importante es que se cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre reducción de emisiones por parte de todos los países, algo que por desgracia no ocurre.

La pandemia del Covid-19 también nos está recordando lo vulnerables que somos y la necesidad de defender al planeta ante ésta y otros amenazas globales como el cambio climático, el verdadero monstruo al acecho. Dentro de la tragedia que supone para el ser humano, creo que de esta crisis también podemos extraer lecciones y hacernos preguntas, especialmente en lo que respecta a la necesidad de encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad medioambiental.

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[Imagen de ejaugsburg en Pixabay]

¿Podemos vivir con menos a nivel personal? Una vez cubiertas nuestras necesidades básicas, el resto de necesidades materiales secundarias son opcionales y quizá deberíamos pensar en reducirlas ya que el consumo sin medida tiene efectos perjudiciales sobre la explotación de recursos naturales y genera un exceso de residuos difícilmente reciclables. Para hacernos una idea, con respecto a 1970, cada ser humano produce de media un 21% más de dióxido de carbono, consume un 65% más de carne y utiliza un 447% más de plástico. 

¿Es sostenible el aumento de población y explotación de recursos? Si extrapolamos el impacto humano a nivel colectivo los datos son abrumadores. En los últimos 50 años, la población mundial ha aumentado de 3700 a 7800 millones de personas con la consecuente ocupación de espacios naturales (230 millones de hectáreas más) y de cultivo (160 millones de hectáreas) que nos acercan más a los hábitats naturales de las especies salvajes con el consecuente aumento del riesgo de brotes epidémicos. Con motivo del 50 aniversario del día de la Tierra del pasado 21 de abril, el Museo de historia natural de Estados Unidos publicó este vídeo animado en donde se compara y entiende a la perfección la evolución del impacto humano en el planeta entre 1970 y 2020.

El calentamiento global también es ya un hecho innegable como muestran numerosas instituciones científicas. En los últimos 50 años la temperatura media del planeta ha aumentado en un grado lo que provoca que los glaciares se están derritiendo hoy a un ritmo seis veces mayor que en 1970 y que el nivel del agua de los océanos aumente 3,3 centímetros por década. Un mayor número de tormentas, inundaciones, sequías y fenómenos naturales extremos también parecen directamente consecuencia del cambio climático. Y estas alteraciones también tienen un efecto directo sobre los seres humanos, especialmente en determinadas regiones. Según el último informe del Banco Mundial, si no se actúa inmediatamente los impactos climáticos podrían empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza en 2030.

¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Es necesario viajar tanto? A mi personalmente me apasiona pero quizá deberíamos limitar o concentrar nuestros viajes en nuestro tiempo de ocio y evaluar si son absolutamente necesarios en nuestra vida laboral. Nos estamos dando cuenta de que muchos viajes de trabajo son innecesarios dadas las posibilidades que ya nos ofrece la tecnología para mantener reuniones o incluso negociar por otros medios. El teletrabajo es factible en muchos sectores y puestos de trabajo y su extensión, como la de la digitalización, también disminuyen la presión medioambiental.

¿Necesitamos utilizar tanto los vehículos particulares? Los coches son la mayor fuente de contaminación de las ciudades. Durante la pandemia, las emisiones de dióxido de nitrógeno están en sus niveles mínimos en muchos años y todos lo estamos notando estos días cuando salimos a la calle. Por poner un ejemplo cercano, la contaminación ha caído un 59% en Madrid durante el estado de alarma logrando el mejor registro en una década. Además, otras ciudades como Milán, están aprovechando el confinamiento para poner en marcha un ambicioso plan contra la contaminación y así la capital de Lombardía dará prioridad a peatones y ciclistas para reducir el tráfico. La progresiva implantación de vehículos eléctricos e híbridos también contribuirá a una menor contaminación.

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¿Por qué no apostamos todavía más por las energías limpias? Las energías renovables son más fácilmente disponibles que las fósiles, que tienen estructuras de almacenamiento y distribución mucho más costosas y menos flexibles. Según un informe publicado por la Agencia Internacional de la Energía, la caída del consumo energético durante el confinamiento no tiene precedentes desde el crash bursátil de 1929. Mientras el consumo de carbón y el petróleo se han hundido, las energías solar y eólica han crecido por sus bajos costes de operación y su mayor flexibilidad.

¿Qué puede hacer España? España podría beneficiarse enormemente de una apuesta más clara y decidida por las energías renovables y la nueva ley del cambio climático que pronto verá la luz puede ser un buen punto de partida. El objetivo principal de la ley se alinea con el Acuerdo de París y busca alcanzar la descarbonización a más tardar en 2050 cuando el 100% del sistema eléctrico deberá ser renovable. Pero antes se pretende disminuir las emisiones en un 20% en 2030. La movilidad sostenible, el establecimiento zonas de bajas emisiones o la gobernanza climática formarán también parte de la nueva ley.

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          [Imagen de Sebastian Ganso en Pixabay]

El virus que hoy tiene en jaque al planeta también ha demostrado que debemos dotar de más recursos profesionales y humanos a los sistemas públicos de salud y aumentar la inversión en investigación científica. Sólo así podremos estar preparados para la próxima pandemia, que puede ser un nuevo coronavirus o, aunque aún no esté calificado como tal, el propio cambio climático. 

Si no conseguimos frenarlo o minimizarlo, el cambio climático tendrá consecuencias aún peores a las que sufrimos actualmente. El  problema del capitalismo es que no se autolimita en sus ansias de “generar riqueza”. Pero sí puede evolucionar hacia un modelo que apueste por la economía circular y las energías renovables. Un cambio hacia una economía más sostenible, un nuevo “Green Deal” beneficioso a la vez para las personas, empresas y el planeta, parece ahora más necesario y posible que nunca.

El Día de la Tierra y el COVID-19

Daniel Riobóo Buezo

 

Hoy 22 de abril se celebra el Día de la Tierra (oficialmente el Día Internacional de la Madre Tierra). Este año se conmemoran 50 años desde su declaración y también se cumple el cuarto aniversario de la firma del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

El primer Día de la Tierra tuvo lugar en 1970 en Estados Unidos. Aquel 22 de abril cerca de 20 millones de personas se manifestaron para protestar contra la contaminación y los derrames de petróleo y para pedir la creación de agencias medioambientales y en su momento fue el evento cívico más grande del planeta.

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[Manifestación en Philadelphia el 22 de abril de 1970, foto de Associated Press]

Su promotor fue el senador demócrata estadounidense Gaylord Nelson, que propuso instaurar este día para crear una conciencia común global a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.  

Esta presión social llevó al gobierno estadounidense a fundar en diciembre de 1970 la Agencia de Protección Ambiental y a impulsar un paquete de leyes de orientación ecologista. Posteriormente en el resto del mundo otros gobiernos también comenzaron a tomar medidas concretas aprobando leyes ambientales y creando agencias dedicadas al medio ambiente con una concienciación que no ha parado de crecer hasta hoy.

Estos días estamos comprobando el impacto visible del virus sobre el medio ambiente, ya sea a través de la mejora de la calidad del aire o de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero este impacto positivo es sólo temporal y está provocado por la desaceleración económica y el confinamiento. Lo que hace falta es que se cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre reducción de emisiones por parte de todos los países, algo que por desgracia no ocurre.

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[Imagen de Miroslava Chrienova]

La pandemia del COVID-19 nos está recordando lo vulnerables que somos y la necesidad de defender al planeta ante ésta y otros amenazas globales. Y es que como hoy bien recuerda la Organización de las Naciones Unidas, “el cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas)”.

El cambio climático todavía no está calificado como una pandemia pero, si no le ponemos remedio, probablemente acabará siendo considerado como tal y tendrá consecuencias aún peores a las que sufrimos actualmente. Un cambio hacia una economía más sostenible, para las personas y para el planeta, es necesario y posible.

Teletrabajar y teledirigir

Daniel Riobóo Buezo

La implantación del teletrabajo es imparable. Ya lo era antes de la pandemia y ahora todavía lo será más. El teletrabajo no sólo busca un ahorro de costes para la empresas, aprovechar el tiempo de los desplazamientos o una mayor posibilidad de conciliación familiar del trabajador. El teletrabajo es un cambio empresarial y cultural, una adaptación del mundo laboral al siglo XXI. Una modernización que estaba a medio hacer y que desde ahora se acelerará.

Datos y ejemplos de teletrabajo

No todas las industrias, profesiones o puestos permiten el teletrabajo. Pero en muchos casos sí pueden hacerlo, ya sea todo el tiempo o al menos parcialmente. Un camarero, un actor de teatro o un operario de una fábrica normalemente no pueden trabajar desde casa pero sí un informático, un profesional del diseño o incluso un teleoperador. Actualmente alrededor de un 8,3% de los ocupados en España practican el teletrabajo, ya sea de forma ocasional o más de la mitad de los días de su jornada laboral, según los datos aportados por el INE. Son cifras aún muy bajas que van a ir aumentando progresivamente. Ya lo están haciendo puntualmente durante el estado de alarma y lo seguirán haciendo de forma sostenida y continuada posteriormente.

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                  [La imagen es de Alexandra Koch]

Sobre los beneficios del teletrabajo hay muchos datos y ejemplos. Por ejemplo, el de Ctrip, la mayor agencia de viajes de China. En 2017, mucho antes de la pandemia, esta empresa envió durante varios meses a decenas de trabajadores a teletrabajar durante al menos 4 de los 5 días laborables para medir los resultados en rentabilidad, productividad y percepción de la empresa por parte del empleado. Los resultados fueron muy satisfactorios: la productividad aumentó una media del 20%, el absentismo se redujo y los empleados manifestaron estar mucho más contentos con las condiciones laborables, ya que, dadas las largas distancias que hay que recorrer en Pekín, se ahorraban estrés, dinero y tiempo en transporte.

John Roberts, una de las eminencias en EEUU en el campo de organización de empresas, explica este ejemplo y anima a las grandes corporaciones a probar este sistema de trabajo en esta entrevista del Observatorio Vodafone de la Empresa.

Consejos para teletrabajar

En cuanto a los consejos para teletrabajar, los expertos inciden en elegir un sitio luminoso, preferentemente con luz natural, y alejado de los lugares de paso, la cocina y la televisión.  También recomiendan vestirse para trabajar para diferenciarlo de la vida personal. Además es conveniente establecer una rutina y un horario con sus correspondientes pausas e incluso se pueden establecer franjas horarias concretas dedicadas a cada cometido o cliente específico. La disciplina y la organización son fundamentales.

Otro concepto importante es la deslinealización del horario. Como relata el periodista especializado en teletrabajo David Blay “Yo no tengo un horario lineal. Hago las cosas que tengo que hacer en los momentos que veo que tengo que hacerlo. No sumo las horas, sumo si he hecho las cosas o no. Siempre estoy medio día fuera de casa, por ello cuando me siento frente al ordenador tengo que ser hiperproductivo”. Se trata de cumplir unos objetivos organizándote bien y adecuando tus horas de trabajo para alcanzarlos dentro de los plazos acordados con la empresa. Es decir, teletrabajar permite la flexibilidad pero exige responsabilidad.

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           [Mi rinconcito de teletrabajo es muy mejorable]

La tecnología juega un papel fundamental en la interacción con compañeros y clientes. Además del tradicional correo electrónico y el indispensable whatsapp, hay herramientas específicas. Para las reuniones online y las videollamadas hay diversas plataformas tecnológicas como Zoom, Skype, Microsoft Teams o Hangouts mientras Slack es la herramienta de trabajo colaborativo más utilizada en la actualidad.

Aprender a teledirigir

El teletrabajo tiene dos grandes protagonistas: los trabajadores y los empleadores o jefes de equipo. Si empleados y profesionales deben aprender a teletrabajar, también empleadores, jefes y clientes tienen que aprender a teledirigir . Y al igual que el trabajador debe cumplir sus objetivos, las empresas también tienen que respetar sus horarios y periodos de descanso. Estar en casa no significa tener total disponibilidad. Y es que, lejos de la creencia habitual, en casa se suele trabajar más por la culpabilidad asociada a no estar en la oficina. Por eso en muchos casos es conveniente pactar unas condiciones de teletrabajo de la misma forma que tenemos unas normas y horarios establecidos cuando trabajamos presencialmente.