‘Red Army’, la Guerra Fría y el fin de la URSS a través del hockey hielo

Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

El deporte muy a menudo va más allá del terreno de juego. En ocasiones es una metáfora de la sociedad y la vida y hay otras en las que rivalidades patrióticas convierten un partido en una suerte de guerra simbólica, afortunadamente infinitamente menos dañina que las reales.

‘Red Army’ es un documental que narra los destinos paralelos de la Unión Soviética y del legendario equipo de hockey sobre hielo conocido como “El ejército rojo”, probablemente el mejor de la historia de un deporte que es casi una religión en las latitudes del norte del planeta.

La historia, tanto del equipo como del grupo de jugadores irrepetibles que lo formaban, se narra a través del testimonio de Slava Fetisov, carismático capitán de un equipo que, mientras extendía su arte sobre las pistas de hielo, servía paralelamente al régimen soviético como su mejor arma de propaganda. A través de sus éxitos la URSS quería decir al mundo: “Somos los mejores en hockey porque el sistema comunista es el mejor”. El equipo realmente formaba parte de la estrategia política, por algo fue fundado por Stalin y el régimen no escatimaba gastos para seleccionar a los mejores jugadores a los que posteriormente hacían entrenar en una dinámica espartana en la que el fin justificaba los medios.

Póster oficial de la película 'Red Army' en la última edición del festival de Cannes.
Póster oficial de la película ‘Red Army’ en la última edición del festival de Cannes.

La Guerra Fría sobre el hielo

En un primer momento el entrenador de esta armada sobre el hielo fue el entrañable Anatoli Tarasov, una leyenda de los banquillos con buenas maneras y que bebía de las tácticas sobre el tablero de ajedrez del campeón del mundo Anatoli Karpov y de los movimientos de los bailarines del teatro del Bolshoi. Mezclando estos ingredientes hizo que el juego del equipo fuera elevado a la categoría de arte frente a la dureza del que se practicaba, por ejemplo, en Estados Unidos. Bajo la batuta de Tarasov, la URSS fue tres veces campeona olímpica y el CSKA de Moscú se convirtió en el mejor equipo europeo de la época.

A medida que la influencia de la KGB en el equipo se hizo mayor en la era de Breznev (1960-1982), también se produjo un cambió de entrenador directamente impuesto por la central de inteligencia soviética con la llegada de Viktor Tikhonov en 1978, un entrenador que impuso una disciplina militar obligando a los jugadores a entrenar hasta cuatro veces al día y a residir en campamentos impidiéndoles estar con sus familias cuando más lo necesitaban. Evidentemente era odiado por sus jugadores pero al régimen eso poco le importaba. El hockey era una herramienta más de propaganda política durante la Guerra Fría y la invasión de Afganistán.

Esa selección soviética fue prácticamente inexpugnable durante casi veinte años llegando a conseguir el oro olímpico en cuatro ocasiones consecutivas. Hasta los Juegos Olímpicos de invierno de 1980 en Lake Placid, un hecho conocido como “El milagro sobre hielo” ya que Estados Unidos, con un equipo de jugadores no profesionales, consiguió derrotar a la todopoderosa URSS. La victoria histórica está perfectamente reflejada en la sobresaliente  “El milagro” (Gavin O´Connor, 2004) en la que los actores que interpretan a jugadores no son tales sino verdaderos profesionales del hockey sobre hielo, lo que dota a las escenas de juego de mucha mayor verosimilitud. El hecho en aquel momento supuso para Estados Unidos mucho más que una gran victoria deportiva, algo que prueba la propia implicación del entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, que se tomó aquellos Juegos como un asunto de estado para el que continuamente hablaba con el seleccionador Herbert Brooks. EEUU no podía ser derrotado en casa por la URSS y finalmente aquel valiente equipo lo consiguió. 

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La decadencia de la URSS y la apertura del régimen

A pesar de la dolorosa derrota en los Juegos de 1980, la URSS se propuso recuperar su supremacía y, bajo las órdenes de Tikhonov, se formó un quinteto de leyenda con Slava Fetisov y Alexei Kasatonov en defensa y un ataque formado por Sergei MakarovIgor Larionov Vladimir Krutov completado por Alexander Tretiak en la portería. Mientras los cinco rusos seguían puliendo su química como equipo, el régimen aceptaba que realizaran giras por Estados Unidos y Canadá para demostrar al mundo occidental el éxito de sus políticas a través del deporte. Pero estos viajes también hacían que los jugadores comprobaran in situ las posibilidades y la libertad de la que se disfrutaba en estos países y por ello iban acompañados de agentes de la KGB con el objetivo de evitar fugas. Pero poco a poco iba calando en ellos que existía otro tipo de vida con más oportunidades. El equipo se convirtió en invencible y en Sarajevo 84 recuperó el oro olímpico. Pero después la tentación empezó a llamar a la puerta de los mejores jugadores en forma de ofertas millonarias para dar el salto a la liga profesional de Estados Unidos. Y los jugadores tuvieron que negociar su salida con un régimen que poco a poco se daba cuenta de que intentar detener lo inevitable era simplemente imposible.

Slava Fetisov y el director del documental, Gabe Polsky, durante su presentación en el festival de Cannes.
Slava Fetisov y el director del documental, Gabe Polsky, durante su presentación en el festival de Cannes.

Slava Fetisov decidió entonces oponerse al régimen defendiendo su libertad de poder ir a jugar profesionalmente a otro país. Así, tras negociar llegó al acuerdo de que si vencían en los Juegos de Calgary en 1988 le dejarían jugar en un equipo profesional de EEUU pero él no quería ceder entregando la mitad de su salario como pactaron otros jugadores. Su rebeldía le costó represalias y Fetisov fue condenado al ostracismo. No podía entrar en las pistas y tuvo que entrenar solo regresando junto a su primer técnico, Anatoli Tarasov. Su rebeldía le produjo incluso una disputa personal con su mejor amigo y compañero de selección Kasatonov, que no quería abandonar la URSS. Finalmente Fetisov se salió con la suya, pudo salir y, pese a que al principio estuvo marginado y no se adaptaba en EEUU, posteriormente logró triunfar. Años después, los cinco rusos se juntaron de nuevo al final de su carrera en los Detroit Red Wings de la NHL para asombrar al mundo del hockey.

Al igual que la URSS, el equipo de hockey vivió una época de grandeza a la que sucedió otra de decadencia que desembocaría en la apertura del régimen a través de la Perestroika de Gorbachov y del propio deporte mediante la emigración masiva de los jugadores a Estados Unidos. El precursor fue el propio Fetisov, que fue capaz de desafiar al régimen soviético negándose a aceptar sus condiciones para poder jugar en EEUU y abriendo la puerta para el resto de los jugadores. Desde 1989 más de 500 jugadores de la antigua URSS han jugado en la NHL, la liga profesional estadounidense.

El documental alterna sugerentes imágenes de archivo con los testimonios de Fetisov y de algunos de los jugadores de este equipo mítico y está perfectamente sazonado de momentos emotivos y de toques de humor. No hace falta saber nada de hockey para disfrutarlo porque utiliza el deporte para hablar del comportamiento humano y de cómo era el mundo en aquellos años. Seguro que enganchará y hará disfrutar a todos los nostálgicos de los años ochenta. Y es que los ochenta siempre vuelven…

El deporte como metáfora de la sociedad y de la vida

Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

El deporte en muchas ocasiones puede ser un fiel reflejo de la propia vida. El diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define con dos acepciones. La primera lo describe como una actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas. La segunda refleja su lado más hedonista y lo define como recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre. Es decir, el deporte es una actividad física donde jugamos, nos entrenamos para mejorar, competimos de acuerdo a unas reglas y también disfrutamos y nos divertimos mientras ocupamos nuestro tiempo libre. Con estos supuestos bien podríamos decir que el deporte es una metáfora de la vida misma donde también jugamos, luego nos formamos, después trabajamos y competimos en una sociedad sujeta a leyes y en la que también tratamos de disfrutar de nuestro tiempo libre.

El deporte significa diversión pero, también, aprendizaje. (Foto: Víctor Fernández-Peñaranda).
El deporte significa diversión pero, también, aprendizaje. (Foto: Víctor Fernández-Peñaranda).

 Las aptitudes y las actitudes deportivas y vitales

Seguimos con el diccionario. Un simil es una figura que consiste en comparar expresamente una cosa con otra para dar idea viva y eficaz de una de ellas. El deporte nos sirve constantemente para comparar y reflejar mejor aptitudes y actitudes deseables o censurables. Entre las positivas podemos ser constantes como un maratoniano, resistentes como un ironman, precisos como un arquero o valientes como un ciclista. O incluso recurriendo a ejemplos concretos del deporte profesional podemos ser perfeccionistas como Fernando Alonso, luchadores como Rafa Nadal, infatigables como Mireia Belmonte, ambiciosos como Cristiano Ronaldo o caballerosos como Miguel Indurain. La lista podría ser prácticamente interminable.

A la vez podemos encontrar ejemplos negativos ya que también hay quien puede ser tramposo como un deportista dopado que engaña para triunfar o codicioso como quien se deja comprar para amañar un partido. Estos casos son la prueba más clara de que para algunos el fin justifica los medios, algo que vemos constantemente en la vida diaria. Y es que el maquiavelismo también está a menudo presente en algunas figuras del deporte, pero aquí no daremos nombres. 

Skater levantándose tras caer.
En el deporte, como en la vida, es fundamental aprender a levantarnos tras caer. (Foto: Víctor Fernández-Peñaranda).

El deporte como metáfora

Siguiendo con el diccionario, una metáfora es la aplicación de una palabra o expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión. Así el deporte también puede ser una metáfora perfecta de muchos aspectos de la sociedad y de la propia vida. Por ejemplo, un partido puede ser una metáfora, generalmente y afortunadamente pacífica, de una guerra y el fútbol puede ser un lenguaje universal ya que permite comunicarse y compartir una pasión a medio mundo. Pero también los fichajes pueden ser un reflejo del mercado o de la bolsa y el deporte profesional puede simbolizar el propio funcionamiento de la economía o la política. E incluso determinados deportes elitistas sólo al alcance de aquellos con más recursos pueden representar las diferencias e injusticias sociales.

El deporte, como la vida, es una forma de superación personal y de encuentro con nosotros mismos.
El deporte es una metáfora de la vida con sus miserias y sueños alcanzados. (Foto: Víctor Fernández-Peñaranda)

El deporte como forma de conocimiento de los seres humanos

El deporte también es una forma de conocimiento de los seres humanos y podemos saber más de los demás en función del deporte que practican, cómo lo afrontan, qué comportamiento muestran hacia él o hasta dónde llega su pasión. Es lo que cuenta el último capítulo de la webserie S.O.P.A. (Sabiduría Original Prácticamente Absurda). Se trata de un concepto novedoso de serie para internet con capítulos independientes en los que dos personajes dialogan con un plato de sopa de por medio y que tiene en el humor, en general absurdo, un ingrediente sabroso y fundamental. En cada entrega aparecen dos actores diferentes y el director y el tema también cambian si bien la originalidad permanece.

Su quinto capítulo gira en torno a la compatibilidad entre una posible pareja que se conoce en una cita a ciegas, una situación en la que la afición a un deporte concreto puede jugar un papel importante para que prenda la chispa. En este caso es el Curling, un juego tan desconocido en España y Latinoamérica como enormemente popular en los países del norte del planeta. Y es que este peculiar deporte también puede ser para algunos una metáfora de la sociedad y de cómo una persona la comprende. Porque, como invita a reflexionar el propio corto, ¿nos gusta que a los demás les guste lo que nos gusta?

Parece evidente que el deporte puede unirnos o separarnos porque al final, en muchos casos, no deja de ser un reflejo del ser humano y de la vida misma, con sus miserias y grandezas, sus alegrías y sus penas, sus éxitos y fracasos. Por eso quizá nos gusta tanto.

*Las fotografías que ilustran este artículo son de nuestro colaborador Víctor Fernández-Peñaranda. En su página de Facebook podéis disfrutar más trabajos suyos.

Los deportes de invierno en el cine (II)

Por DANIEL RIOBÓO BUEZO

Tras conocer las películas más representativas sobre Hockey hielo, Bobsleigh y Curling, en esta segunda entrega vamos a conocer algunos de los títulos más conocidos sobre el Esquí, el Snowboard y el Patinaje. Dramas, comedias, documentales…cintas centradas en el lado más extremo de estos deportes o en la propia competición, aunque en ocasiones la utilizan como excusa argumental.

  • Esquí

El deporte rey de invierno de los Juegos Olímpicos de invierno hasta el aumento en popularidad de Hockey sobre hielo y Patinaje ha sido reflejado en unas cuantas películas aunque la mayoría comedias sin mayores pretensiones como las sagas de “Loca Academia de esquí”. Pero hay títulos que merecen un visionado, como “El descenso de la muerte” (Michael Ritchie, 1969) en la que David Chappellet, un atractivo y solitario esquiador interpretado por Robert Redford, pretende convertirse en campeón olímpico de descenso. En su camino a la gloria tiene que lidiar con las reticencias de su padre, de su entrenador (interpretado por Gene Hackman) y con la tensión de la gran competición. Individualista, mujeriego y temerario, Chappelet aprovecha la lesión de un compañero para conseguir ser convocado por Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de 1968 en Grenoble en donde de nuevo chocará con su entrenador y con los compañeros del equipo olímpico. Se trata de una cinta de una gran factura y con una fotografía y con unas escenas deportivas muy conseguidas y que fue muy bien acogida tras su estreno por crítica y público. Es una película que escenifica el sacrificio y las renuncias que supone intentar llegar a la élite del deporte y la soledad que puede sufrir el deportista.

Mucho más reciente y en formato documental “All I can” (Eric Corsland y Dave Mossop, 2011) nos muestra las aventuras de un grupo de esquiadores extremos en los seis continentes a lo largo de dos años. Buscando siempre los mayores desafíos, se deslizan por las pendientes más vertiginosas de los parajes más inhóspitos demostrando su habilidad y tratando de mostrar un mensaje de concienciación sobre el cambio climático y la sostenibilidad. El documental es estéticamente impecable y muy recomendable para los amantes del deporte extremo sobre la nieve.

  •   Snowboard

“The art of flight” (Curt Morgan, 2011) es un documental de la factoría Red Bull grabado a lo largo de dos años y que nos muestra las hazañas de un grupo de riders capitaneado por Travis Rice y que les lleva de Alaska a la Patagonia chilena para surfear montañas solo accesibles por helicóptero. Se trata de una cinta que los amantes del snowboard disfrutarán ya que a la plasticidad de las imágenes se une la transmisión de la filosofía de estos locos por la tabla que han hecho del snowboard y del riesgo su modo de vida.

El cine británico también se ha ocupado del snowboard. “Chalet girl” (Phil Trail, 2011) es una comedia romántica en la que la televisiva Felicity Jones interpreta a Kim Matthews, una joven campeona de skate que, habiendo perdido a su madre en un accidente tiene que cuidar a un padre bastante inútil mientras se frustra trabajando en una hamburguesería. De repente, le surge la oportunidad trabajar en uno de los resorts más exclusivos de los Alpes austriacos y tras dejar a su padre comida congelada para varios meses decide probar suerte. Allí conoce el mundo del lujo y a su príncipe azul, el hijo de un rico magnate. Y también el Snowboard, al que decide aplicarse con dedicación. Se trata de una comedia ligera con momentos divertidos y  con escenas de la modalidad de slope muy logradas.

  • Patinaje artístico

 “Pasión por el triunfo”  (Paul Michael Glaser, 1992) es un clásico moderno sobre el patinaje artístico. Relata la historia de un jugador de hockey sobre hielo (Doug Dorsey) que tras un accidente debe abandonar este deporte. Mientras, Kate Moseley, una patinadora artística tan genial como temperamental, no termina de encontrar su pareja deportiva debido a su carácter volcánico. Su entrenador intenta convencer al ex jugador de hockey para que sea su pareja para los Juegos Olímpicos de 1992 aunque sus caracteres no encajan precisamente. La película tiene dos secuelas y como curiosidad destaca que su guionista es Tony Gilroy, un reputado director y guionista en la actualidad (director de Michael Clayton o la saga del agente Bourne) y que con esta historia se estrenó como guionista de cine.

¿Quién dijo que el patinaje no puede utilizarse como base para una comedia? “Patinazo a la Gloria” (Blades of Glory, 2007) es una disparatada historia protagonizada por Will Ferrell y Jon Heder. Representan a Chazz Michael Michaels, un exitoso patinador adicto al sexo, y a Jimmy McElroy, un skater talentoso y afeminado y su rivalidad es tal que, tras pelearse en directo en mitad de los Juegos Olímpicos, son sancionados sin poder competir más. Tras tres años buscándose la vida sin demasiado éxito, un admirador de Jimmy le hace saber qué sólo les está prohibido competir individualmente por lo que deciden volver a la competición en la modalidad de parejas formando la primera pareja masculina de la historia del patinaje sobre hielo. Sus máximos rivales son una pareja que los ve como una seria amenaza a su reinado sobre el hielo y está dispuesta a todo por conseguir repetir el triunfo. Excesiva, hortera y por momentos absurda, es una parodia del deporte que busca hacernos pasar un buen rato sin más pretensiones. Como curiosidad, en la película hace un cameo Nancy Kerrigan, la mítica patinadora estadounidense que fue atacada por un hombre contratado por su rival de la época Tonya Harding en una historia muy cinematográfica.