El Día de la Tierra y el COVID-19

Daniel Riobóo Buezo

 

Hoy 22 de abril se celebra el Día de la Tierra (oficialmente el Día Internacional de la Madre Tierra). Este año se conmemoran 50 años desde su declaración y también se cumple el cuarto aniversario de la firma del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

El primer Día de la Tierra tuvo lugar en 1970 en Estados Unidos. Aquel 22 de abril cerca de 20 millones de personas se manifestaron para protestar contra la contaminación y los derrames de petróleo y para pedir la creación de agencias medioambientales y en su momento fue el evento cívico más grande del planeta.

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[Manifestación en Philadelphia el 22 de abril de 1970, foto de Associated Press]

Su promotor fue el senador demócrata estadounidense Gaylord Nelson, que propuso instaurar este día para crear una conciencia común global a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.  

Esta presión social llevó al gobierno estadounidense a fundar en diciembre de 1970 la Agencia de Protección Ambiental y a impulsar un paquete de leyes de orientación ecologista. Posteriormente en el resto del mundo otros gobiernos también comenzaron a tomar medidas concretas aprobando leyes ambientales y creando agencias dedicadas al medio ambiente con una concienciación que no ha parado de crecer hasta hoy.

Estos días estamos comprobando el impacto visible del virus sobre el medio ambiente, ya sea a través de la mejora de la calidad del aire o de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero este impacto positivo es sólo temporal y está provocado por la desaceleración económica y el confinamiento. Lo que hace falta es que se cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre reducción de emisiones por parte de todos los países, algo que por desgracia no ocurre.

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[Imagen de Miroslava Chrienova]

La pandemia del COVID-19 nos está recordando lo vulnerables que somos y la necesidad de defender al planeta ante ésta y otros amenazas globales. Y es que como hoy bien recuerda la Organización de las Naciones Unidas, “el cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas)”.

El cambio climático todavía no está calificado como una pandemia pero, si no le ponemos remedio, probablemente acabará siendo considerado como tal y tendrá consecuencias aún peores a las que sufrimos actualmente. Un cambio hacia una economía más sostenible, para las personas y para el planeta, es necesario y posible.