El mundial de balonmano y la responsabilidad del anfitrión

Por DANIEL RIOBÓO BUEZO (@danirioboo)

Del 11 al 27 de enero España acoge por primera vez un mundial de balonmano con un triple reto: volver a conseguir un nuevo éxito tras unos años irregulares, aumentar su popularidad entre el gran público y demostrar una eficaz capacidad organizativa en el año en el que se decidirá la sede de los Juegos Olímpicos de 2020.

El papel de favorito, entre la ilusión y la obligación

Es obvio que jugar en casa siempre es un plus para cualquier país que organice un torneo. El apoyo del público se antoja fundamental y puede suponer ese empujoncito que lleve a España a poder ser campeona de nuevo. Pero cuando además la selección lleva más de una década entre las mejores del mundo (con ligeros altibajos) ese favoritismo puede convertirse en casi una obligación.

Para el laureado seleccionador Valero Rivera se trata de una “presión maravillosa aunque a veces también puede convertirse en una responsabilidad excesiva para los jugadores. En el balonmano hay dos antecedentes, el europeo del año 1996 en el que España como anfitriona quedó segunda sucumbiendo en la final ante Rusia por un solo gol. Y antes, en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, el equipo se quedó a las puertas de las semifinales.

Para Valero Rivera, ser favorito en casa es una “presión maravillosa” para la selección.

En otros deportes de equipo también hay precedentes como organizador, con diferentes resultados. En fútbol, España fracasó estrepitosamente en el mundial de 1982 aunque diez años después sí pudo ser profeta en su tierra en los Juegos de  Barcelona 92 en un torneo olímpico que España consiguió ganar por primera vez. En baloncesto, los antecedentes no son los mejores cuando se ha jugado como local. La flamante subcampeona olímpica en Los Angeles 84 solo pudo ser quinta dos años después en el mundial de baloncesto del 86 mientras que, en los JJOO de Barcelona, España naufragó totalmente acabando novena. En los Eurobasket, más de lo mismo. Como local España solo pudo ser quinta en 1997 mientras diez años después, siendo campeona mundial y clarísima favorita, el Rusiazo en la final dejó a España con la medalla de plata en el Eurobasket de 2007 y con una sensación de fracaso que, afortunadamente, fue superada en los dos siguientes europeos.

A la búsqueda de una mayor popularidad

Si bien el balonmano se ha considerado siempre como el tercer deporte de equipo en importancia, sus practicantes en España están muy lejos del fútbol o el baloncesto. Según las licencias federativas, en 2011 contaba con algo más de 96 mil jugadores federados mientras el baloncesto tiene más de 400 mil y  el fútbol pasa de los 800 mil. Y, como en todos los ámbitos, también le ha afectado la crisis. El caso más destacado ha sido el del Balonmano Ciudad Real, uno de los mejores clubes de Europa y que ha tenido que convertirse en el Atlético de Madrid para poder subsistir. Además, varios  jugadores internacionales han tenido que hacer las maletas para ir a jugar a competiciones más poderosas económicamente que la liga Asobal y, de la convocatoria mundialista, hasta siete jugadores ejercen su profesión fuera de nuestras fronteras, fundamentalmente en la liga francesa.

Y es sorprendente porque España lleva casi dos décadas en la cima del balonmano, tanto a nivel de clubes como de selección. Sin haber obtenido tantos éxitos como sus compañeros de fútbol o baloncesto, la selección de balonmano tienen un gran curriculum en las dos últimas décadas. En él sobresale el campeonato del mundo en 2005 (y el bronce en el anterior de 2011), las tres medallas olímpicas de bronce (Atlanta 96, Sidney 2000 y Pekín 2008) y las cuatro medallas en campeonatos europeos (plata en los años 96, 98 y 2006 y bronce en en 2000).

España aspira a repetir en casa la victoria en el mundial de Túnez 2005.

La organización en el año de la decisión olímpica

En la organización del campeonato se están haciendo milagros porque el presupuesto ya no es el mismo que había para organizar otros grandes eventos celebrados en España y además ha habido que cambiar la instalación que acogerá los partidos en la sede de Madrid. Inicialmente iba a haber sido el Madrid Arena pero, tras la desgraciada tragedia reciente, el recinto no cumplía las medidas de seguridad requeridas y, finalmente, la Federación Internacional de Balonmano (IHF) ha aprobado el uso de la Caja Mágica para acoger el grupo de España en la primera fase. Y, es que no solo está en juego el dejar una buena imagen, sino también el poder seguir demostrando al Comité Olímpico una eficaz capacidad organizativa.

En cuanto a la asistencia, por ahora el ritmo de venta de entradas ha sido lento, salvo para la sede de Madrid que acogerá los partidos del grupo de España y la fase final en Barcelona. En ello inciden dos factores, la falta de repercusión de un deporte que no recibe la atención mediática que quizá merece y también el menor presupuesto para promocionar el campeonato por lo que se ha tenido que recurrir al ingenio en campañas promocionales como la que ha hecho que Alberto Entrerríos, Julen Aginagalde, Viran Morros y Víctor Tomás hayan pintado sobre su cuerpo  la camiseta de la selección.

Julen Aginagalde, en la campaña de promoción del mundial.

El campeonato se ha organizado con cuatro grupos de seis equipos que jugarán todos contra todos durante cinco jornadas en las sedes de Granollers, Sevilla, Zaragoza y Madrid. En cada grupo se clasificarán cuatro equipos y desde entonces, se enfrentarán en eliminatorias directas habiéndose incluído por primera vez la ronda de octavos de final en un mundial. Posteriormente, y también en la sedes de Barcelona y Zaragoza (Pabellón Príncipe Felipe), se celebrarán los cuartos mientras las semifinales y la gran final tendrán lugar en el Palau Sant Jordi de la ciudad condal.

Francia, el principal obstáculo hacia el título

En cuanto a los favoritos, el balonmano es un deporte donde la supremacía europea es absoluta y sería un milagro que una selección africana, americana o asiática pudiera ganar. De hecho, en los 22 mundiales anteriores, el ganador siempre ha sido europeo. Es más, todos los medallistas lo han sido. A la cabeza de las apuestas está la poderosa Francia de Nicola Karabatic, campeona mundial y olímpica en las dos últimas ediciones y auténtica bestia negra de España en los últimos campeonatos, como en los cuartos de final de los Juegos de Londres donde se impuso en el último segundo.

Francia, la campeona de 2011 y la bestia negra de la selección española.

Pero España juega como local, con un conjunto joven pero ya experimentado y que completa con la necesaria veteranía en las manos de Arpad Sterbik, Alberto Entrerríos y Albert Rocas aunque las bajas de Raúl Entrerrios y Cristian Ugalde junto a la anterior de José Javier Hombrados han supuesto un contratiempo en la preparación. Además ya ha saboreado las mieles del triunfo en la cita mundialista (campeona en 2005 y bronce en la última edición). El otro gran favorito es la siempre competitiva Dinamarca, la actual campeona europea. Tras las tres grandes favoritas, como aspirantes también se presentan Croacia, Alemania, Serbia, Hungría, Polonia e Islandia ya que una antigua potencia como Rusia se encuentra en periodo de renovación.  El mundial ya está aquí y España tiene una maravillosa oportunidad de volver a la cima del balonmano.

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