Dos semanas conviviendo con el coronavirus

Daniel Riobóo Buezo Seguir a @danirioboo

Durante el confinamiento estuve escribiendo en este blog un diario de la cuarentena durante mes y medio. Luego espacié las publicaciones y desde el 19 de mayo no había vuelto a escribir aquí. Creo oportuno retomarlo tras haber pasado el coronavirus. Afortunadamente no he tenido síntomas graves, nada que ver con casos cercanos que han acabado con hospitalizaciones o incluso fallecimientos. Pero creo que lo que he vivido y aprendido durante estas dos semanas puede ser de ayuda para quienes aún no lo habéis pasado.

El sábado 19 me levanté con mal cuerpo. Había pasado mala noche y al despertar me dolía la garganta, estaba mareado y tenía tos y unas décimas de fiebre. Unos días antes había comido en una terraza con un amigo que acababa de dar positivo tras empezar con síntomas tres días antes que yo. Ese día tenía que ir a Ciudad Real para trabajar en el Campeonato de España de Federaciones Autonómicas de atletismo. Como iba a ir con varias personas en una furgoneta, ante los síntomas y ese positivo cercano y, dado el protocolo existente en la competición, vi prudente decirles que no creía conveniente ir. Lo entendieron y hasta finalmente pude hacer el vídeo del resumen de la competición tras seguirlo desde casa.

Durante el fin de semana continúe con los síntomas a los que se añadieron la sensación de ahogo, la jaqueca y la fatiga y, tras llamar varias veces sin éxito a mi centro de salud, el lunes, a primera hora de la mañana me presenté allí. Al comentarles en la entrada los síntomas que tenía me dijeron que esperara para ser atendido. Después de 40 minutos de espera, pasé a la consulta y, al escucharme y medirme la saturación de oxígeno (la tenía justita, al 95%) y conociendo el caso del positivo, el médico dijo que parecía coronavirus así que me hizo allí mismo la PCR. Y si, el hisopo molesta cuando llega hasta el fondo de tu nariz pero son sólo unos segundos.

Así que, a la espera del resultado, me confiné en casa y decidí comprar un oxímetro por internet (los básicos los tienes desde 20 euros, en la farmacia cuestan 50) para ir midiendo la saturación y seguí utilizando el inhalador que tengo (soy asmático) al levantarme y otra vez por la tarde porque seguía experimentando ahogo.

Además, tras leer varios artículos con recomendaciones, decidí proveerme bien (mi maravillosa novia me hizo la compra) de vitamina C con naranjas, kiwis y brócoli a los que sumé infusiones de jengibre con limón. También dicen que, al alojarse el virus en la boca, garganta y pulmones, hay que hidratarse continuamente bebiendo mucha agua y también cepillarse muy bien la lengua y utilizar frecuentemente soluciones de enjuague bucal.

Tengo amigos y conocidos a los que han tardado una semana en darles el resultado de la PCR. En mi caso fui un afortunado (supongo que también influye que en mi zona hay menos incidencia que en otros distritos de Madrid) y en menos de 48 horas mi médica me dio el resultado por teléfono. Era positivo. Me tocaba continuar con la cuarentena en casa.

Intenté comunicar el positivo a través de la app Radar Covid pero no era posible. Te pide un código que te tiene que proporcionar la Consejería de Sanidad pero en Madrid la Comunidad no ha activado la aplicación aunque podría ser muy útil para el rastreo y para evitar el confinamiento. En cuanto a los rastreadores, sospechaba que no me llamaría ninguno ya que en Madrid no han querido contratar los necesarios así que directamente avisé a las personas que había visto los últimos días y, afortunadamente, ninguno ha tenido síntomas ni ha dado positivo.

El resto de personas (tres) que habían estado en la comida con nuestro amigo dieron negativo en la PCR así que puede que mi contagio se produjera dos días después. Fui con dos amigos a cenar algo a una terraza del barrio pero al empezar a llover entramos dentro del bar y, por el periodo de incubación, es probable que fuera allí. Aunque creamos que somos muy precavidos, utilicemos el gel y llevemos siempre la mascarilla, creo que contagiarse puede ser más fácil de lo que creemos. También parece que llevando las mascarillas (si es de tela tiene que llevar filtro siempre) la carga vírica a la que estamos expuestos es menor y de ahí que cada vez haya más asintomáticos o enfermos con síntomas leves.

La semana continuó y ya empecé a saturar bien de oxígeno, me dejó de doler la garganta y notaba menos fatiga y dolor de cabeza aunque la tos siempre ha seguido, especialmente al levantarme, y algún día también tuve dolor de oídos y algo de mareo. Me habían dado la baja en el trabajo así que, una vez que he ido mejorando, he aprovechado la cuarentena para leer mucho (estoy devorando Patria y otro manual sobre cine) y ponerme al día con pelis y series pendientes.

El domingo y el lunes ya me encontré bastante mejor y en la consulta telefónica la médica me dijo que el martes me harían otra PCR. Ese mismo día, aunque ya aparentemente no tenía síntomas, tuve un mareo muy fuerte por la noche pero probablemente fue por otra causa ya que a la mañana siguiente había desaparecido por completo. Ayer me llamó de nuevo para decirme que había dado negativo y dado que ya no tenía síntomas (12 días después del comienzo y de iniciar la cuarentena) podía terminar el confinamiento.

Voy a seguir sin ver a nadie algún día más pero ayer por la tarde sí me permití salir un rato con la bici para tomar el aire y ver qué tal estaba de fuerzas y capacidad pulmonar. Fui a la Dehesa de la Villa, que está cerca de casa. Solo fue una hora pero me sentí bien y no sentí falta de aire. De todas formas y, ya que llevo tiempo sin hacérmelos, le pedí a la médica hacerme unos análisis y una serología.

Justo cuando termino mi confinamiento de dos semanas, Madrid va a iniciar otro ya que la ciudad y la región tienen ahora mismo la mayor tasa de contagios de Europa y es posible (espero equivocarme) que los hospitales y las UCIs vuelvan a colapsarse. Otro dato que he escuchado hoy es revelador, solo en septiembre Madrid ha notificado más contagios que Japón durante toda la pandemia. Han tenido meses para contratar rastreadores y reforzar la atención primaria con mas profesionales para evitar esta situación pero ellos sabrán por qué no se ha hecho.

Creo que nadie quiere un confinamiento, si se decreta es porque es el único remedio que por ahora funciona para contener la transmisión comunitaria. Otros países y ciudades europeas con una incidencia mucho menor a la de Madrid ya están aplicando medidas más estrictas. Y también todos tenemos que ser más responsables cumpliendo estrictamente las cuarentenas y facilitando desde todos los ámbitos que puedan cumplirse.

La salud no es ideología, está por encima, es una necesidad. Y con ella no debería jugarse por cálculos políticos porque sin salud no hay ideología, ni economía ni nada. Bien estaría que todos aprendamos que solo una sanidad pública con recursos y profesionales suficientes puede contener esta y la próxima pandemia.

¿Nos está preparando la pandemia para afrontar el cambio climático?

Daniel Riobóo Buezo

Durante este tiempo de pandemia estamos comprobando el efecto palpable sobre el medio ambiente de una menor movilidad y actividad comercial a través de la mejora de la calidad del aire y de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero este impacto positivo es sólo temporal y está provocado por la desaceleración económica y el confinamiento. En el largo plazo lo importante es que se cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre reducción de emisiones por parte de todos los países, algo que por desgracia no ocurre.

La pandemia del Covid-19 también nos está recordando lo vulnerables que somos y la necesidad de defender al planeta ante ésta y otros amenazas globales como el cambio climático, el verdadero monstruo al acecho. Dentro de la tragedia que supone para el ser humano, creo que de esta crisis también podemos extraer lecciones y hacernos preguntas, especialmente en lo que respecta a la necesidad de encontrar un equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad medioambiental.

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[Imagen de ejaugsburg en Pixabay]

¿Podemos vivir con menos a nivel personal? Una vez cubiertas nuestras necesidades básicas, el resto de necesidades materiales secundarias son opcionales y quizá deberíamos pensar en reducirlas ya que el consumo sin medida tiene efectos perjudiciales sobre la explotación de recursos naturales y genera un exceso de residuos difícilmente reciclables. Para hacernos una idea, con respecto a 1970, cada ser humano produce de media un 21% más de dióxido de carbono, consume un 65% más de carne y utiliza un 447% más de plástico. 

¿Es sostenible el aumento de población y explotación de recursos? Si extrapolamos el impacto humano a nivel colectivo los datos son abrumadores. En los últimos 50 años, la población mundial ha aumentado de 3700 a 7800 millones de personas con la consecuente ocupación de espacios naturales (230 millones de hectáreas más) y de cultivo (160 millones de hectáreas) que nos acercan más a los hábitats naturales de las especies salvajes con el consecuente aumento del riesgo de brotes epidémicos. Con motivo del 50 aniversario del día de la Tierra del pasado 21 de abril, el Museo de historia natural de Estados Unidos publicó este vídeo animado en donde se compara y entiende a la perfección la evolución del impacto humano en el planeta entre 1970 y 2020.

El calentamiento global también es ya un hecho innegable como muestran numerosas instituciones científicas. En los últimos 50 años la temperatura media del planeta ha aumentado en un grado lo que provoca que los glaciares se están derritiendo hoy a un ritmo seis veces mayor que en 1970 y que el nivel del agua de los océanos aumente 3,3 centímetros por década. Un mayor número de tormentas, inundaciones, sequías y fenómenos naturales extremos también parecen directamente consecuencia del cambio climático. Y estas alteraciones también tienen un efecto directo sobre los seres humanos, especialmente en determinadas regiones. Según el último informe del Banco Mundial, si no se actúa inmediatamente los impactos climáticos podrían empujar a otros 100 millones de personas a la pobreza en 2030.

¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Es necesario viajar tanto? A mi personalmente me apasiona pero quizá deberíamos limitar o concentrar nuestros viajes en nuestro tiempo de ocio y evaluar si son absolutamente necesarios en nuestra vida laboral. Nos estamos dando cuenta de que muchos viajes de trabajo son innecesarios dadas las posibilidades que ya nos ofrece la tecnología para mantener reuniones o incluso negociar por otros medios. El teletrabajo es factible en muchos sectores y puestos de trabajo y su extensión, como la de la digitalización, también disminuyen la presión medioambiental.

¿Necesitamos utilizar tanto los vehículos particulares? Los coches son la mayor fuente de contaminación de las ciudades. Durante la pandemia, las emisiones de dióxido de nitrógeno están en sus niveles mínimos en muchos años y todos lo estamos notando estos días cuando salimos a la calle. Por poner un ejemplo cercano, la contaminación ha caído un 59% en Madrid durante el estado de alarma logrando el mejor registro en una década. Además, otras ciudades como Milán, están aprovechando el confinamiento para poner en marcha un ambicioso plan contra la contaminación y así la capital de Lombardía dará prioridad a peatones y ciclistas para reducir el tráfico. La progresiva implantación de vehículos eléctricos e híbridos también contribuirá a una menor contaminación.

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¿Por qué no apostamos todavía más por las energías limpias? Las energías renovables son más fácilmente disponibles que las fósiles, que tienen estructuras de almacenamiento y distribución mucho más costosas y menos flexibles. Según un informe publicado por la Agencia Internacional de la Energía, la caída del consumo energético durante el confinamiento no tiene precedentes desde el crash bursátil de 1929. Mientras el consumo de carbón y el petróleo se han hundido, las energías solar y eólica han crecido por sus bajos costes de operación y su mayor flexibilidad.

¿Qué puede hacer España? España podría beneficiarse enormemente de una apuesta más clara y decidida por las energías renovables y la nueva ley del cambio climático que pronto verá la luz puede ser un buen punto de partida. El objetivo principal de la ley se alinea con el Acuerdo de París y busca alcanzar la descarbonización a más tardar en 2050 cuando el 100% del sistema eléctrico deberá ser renovable. Pero antes se pretende disminuir las emisiones en un 20% en 2030. La movilidad sostenible, el establecimiento zonas de bajas emisiones o la gobernanza climática formarán también parte de la nueva ley.

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          [Imagen de Sebastian Ganso en Pixabay]

El virus que hoy tiene en jaque al planeta también ha demostrado que debemos dotar de más recursos profesionales y humanos a los sistemas públicos de salud y aumentar la inversión en investigación científica. Sólo así podremos estar preparados para la próxima pandemia, que puede ser un nuevo coronavirus o, aunque aún no esté calificado como tal, el propio cambio climático. 

Si no conseguimos frenarlo o minimizarlo, el cambio climático tendrá consecuencias aún peores a las que sufrimos actualmente. El  problema del capitalismo es que no se autolimita en sus ansias de “generar riqueza”. Pero sí puede evolucionar hacia un modelo que apueste por la economía circular y las energías renovables. Un cambio hacia una economía más sostenible, un nuevo “Green Deal” beneficioso a la vez para las personas, empresas y el planeta, parece ahora más necesario y posible que nunca.

La banda sonora de la pandemia

Daniel Riobóo Buezo

No hay momento histórico que no sea recordado con una determinada banda sonora de canciones con los que se termina identificando a lo largo del tiempo. Así, cuando pensamos en la Primera o la Segunda Guerra Mundial nos vienen a la cabeza Lili Marleen de Norbert Schultze o Bella Ciao, la canción popular de los partisanos italianos. Si avanzamos unos años, el gran salto para la humanidad que supuso la llegada del hombre a la luna siempre lo recordamos con los acordes del Space Oddity de David Bowie. O si miramos a Portugal, la Revolución de los claveles se inició con la canción Grandola, Vila Morena que compuso José Afonso e inmortalizó la gran dama del fado Amalia Rodrigues.

La pandemia del coronavirus sin duda va a suponer un antes y un después en el siglo XXI y en la vida de varias generaciones. Seguro que en los próximos años surgirán numerosas obras culturales sobre ella pero mientras aún la sufrimos, en la música estamos viendo conciertos y festivales online y también hay determinadas canciones que se están convirtiendo en icónicas.

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[El festival online ‘Yo me quedo en casa’ es una de las iniciativas surgidas en el confinamiento]

Canciones que resurgen con la pandemia

Si hablamos de la canción del confinamiento, probablemente la más popular sea el “Resistiré” del Dúo Dinámico, que hemos escuchado casi a diario desde nuestros balcones tras los aplausos a los sanitarios. Además del resurgimiento del tetma original hemos visto como se presentaban diferentes versiones durante las últimas semanas, como ésta en la que más de 30 artistas españoles se han unido para destinar la recaudación a Cáritas. 

También hay otra canción, en este caso italiana, con la que muchos nos levantamos cada día al escuchar la radio y que ha rebasado los propios límites del programa que la ha popularizado. Tras el monólogo de Carlos Alsina en Onda Cero, siempre suena ‘Facciamo finta che’, una canción italiana de 1975 de Ombretta Colli que reza que “finjamos que todo va bien”, un verdadero canto al optimismo en estos tiempos difíciles.

Otro clásico moderno que está volviendo a recuperar vigencia es ‘It´s the end of the world as we know it’, de REM. Michael Stipe contó que escribió la canción después de soñar que estaba en una fiesta de cumpleaños donde todos los invitados tenían las iniciales L.B., por eso menciona a Leonard Bernstein, Leonid Brézhnev o a Lenny Bruce. La letra es bastante críptica y la canta a toda pastilla. Básicamente es una crítica a la sociedad que les aliena pidiendo un cambio revolucionario que cambie todo. Cuando la cantaban en directo era el clímax de sus directos y se desataba la locura. El vídeo es del festival de Glastonbury de 1999. 

Nuevas canciones que ven la luz durante el confinamiento

A raíz del confinamiento hay muchos artistas componiendo canciones ad hoc sobre el confinamiento, la pandemia y el esfuerzo de la sociedad y de determinados colectivos. Y a menudo con fines benéficos. Uno de ellos ha sido Kiko Veneno. El artista andaluz ha compuesto ‘Hay gente’, su particular homenaje a los sanitarios en España y que repartirá todos los beneficios que genere a Médicos sin Fronteras.

¿Y qué decir del resurgir de los Rolling Stones? Tras ocho años sin entregar nuevo material, la banda de Mick Jagger se había recluido para grabar de nuevo antes de la pandemia y, a la espera de que su nuevo disco vea la luz en unos meses, nos han dejado un adelanto con ‘Living in a Ghost Town’. Aunque no fuera compuesta pensando en lo que nos esperaba, al final ha resultado ser una canción visionaria sobre las ciudades vacías que estamos viendo y que además tiene un aroma a los mejores clásicos estonianos de finales de los 70.

Por último, no hay que olvidar el último hallazgo, en este caso de Vetusta Morla. La banda madrileña, acompañada por un gran número de cantantes y bandas de la música española y latinoamericana actual, ha publicado ‘Los abrazos perdidos’, una maravillosa canción por el respeto y la dignidad de la Sanidad Pública y todos sus trabajadores. La dedicatoria es merecida y el gesto aún mejor ya que la recaudación por cada reproducción o descarga irá destinada a la investigación sobre el coronavirus en el Centro Superior de Investigaciones Científicas. 

Estas son sólo algunas de las canciones que están componiendo la banda sonora de la pandemia, seguro que cada uno de nosotros tiene muchas otras en su lista personal. Se admiten sugerencias para ampliar la de este artículo.

 

El día de la madre sin ella

Daniel Riobóo Buezo

Hoy es el día de la madre. Para mi es un día triste, para qué voy a negarlo. Lees y ves felicitaciones por todos lados y tu no puedes hacerlo, de hecho casi ni te acuerdas de cómo fue la última vez que lo celebraste junto a ella. Y así ha sido desde que tengo 18 años. Mi madre murió de un cáncer fulminante que se la llevó en apenas seis meses y con 50 años recién cumplidos. Ante sus continuas molestias, le diagnosticaron algo erróneo y, cuando le hicieron las pruebas adecuadas, ya era demasiado tarde para intentar salvarla.

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Me costó muchísimo superar su muerte y su ausencia. Era un adolescente excesivamente tímido y estaba muy unido a ella, la quería más que a nadie en el mundo y su enfermedad y desenlace me pilló en el peor momento posible. Tras irse y durante años, cuando alguien hablaba de su madre o me preguntaba por la mía intentaba evitar el tema. A veces hablaba de ella como si siguiera viva para no contar mis penas o cambiaba de tema rápidamente porque me seguía costando un mundo afrontarlo.

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Dicen que hay un hecho en tu vida que te cambia para siempre. Para mi, sin duda, fue ese. Me dejó destrozado durante mucho tiempo. Mi padre me llevó poco después un día a una psicóloga pero me cerré en banda y no quise volver más ni que me recetaran ninguna medicación que me pudiera animar artificialmente. Preferí intentar superarlo yo solo, muy probablemente me equivoqué, pero era demasiado reservado para contarle a nadie lo triste que estaba. Asimilarlo me llevó mucho tiempo, demasiado. Pero al final también creo que me hizo más fuerte para afrontar y relativizar otros problemas que han venido después, ya sean pérdidas de otros seres queridos, rupturas sentimentales o problemas laborales.

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Tengo un amigo que vivió una situación muy parecida y creo que tenemos muchas cosas en común y también pienso que sufrir aquello le hizo más fuerte. Un día me contó que su psicóloga le había dicho que, sin darse cuenta, buscaba una pareja que le recordara a su madre. Creo que a mi, en cierta forma, también me ha pasado lo mismo. Siempre, aunque sea inconscientemente, he buscado cualidades de ella en mis novias. Su alegría. Su nobleza. Su simpatía. Su generosidad. Hasta lo bien que bailaba o lo artista que era.

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A pesar de que han pasado 25 años desde que nos dejó, a mis hermanas, a mi padre y a mi nos sigue costando hablar de ella y nos da rabia que no haya podido conocer a sus cuatro nietos porque los habría querido con locura. También me da rabia darme cuenta de que cada vez tengo menos recuerdos de ella, en gran parte porque quien más la recordaba era mi abuela y se fue hace ya siete años.

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A través de los recuerdos de mi abuela y viendo como se emocionaba cada vez que hablaba de ella, también descubrí que si es duro perder a un padre o una madre, es infinitamente más doloroso perder a un hijo. Con la marcha de mi abuela, mi segunda madre también se fue. Por eso, quienes tenéis la suerte de tener a vuestra madre, aprovechadlo al máximo celebrando este día o cualquier otro momento junto a ella. Yo no puedo hacerlo pero, aunque me siga costando hablar de ella y cada vez tenga menos recuerdos suyos, la echo de menos cada día.

47 días después

Daniel Riobóo Buezo

47 días después he vuelto a salir a la calle para hacer algo que no sea comprar. Ha sido una vuelta en bici de poco más de una hora pero, en tan poco tiempo, he podido experimentar sensaciones y emociones totalmente diferentes.

Para empezar, ilusión. Hemos dejado prematuramente una llamada entre amigos para salir puntualmente a las ocho los que aún no lo habíamos hecho esta mañana. He sentido mucha ilusión, casi como la de un niño que estrena su bici. Además salir del portal entre aplausos no es algo que a uno le pase a diario. A continuación he sentido sorpresa, ya que me he encontrado a una ex novia que vive cerca mío y a la que no veía hace meses. Tras una breve conversación de puesta al día nos hemos despedido y he comenzado a pedalear sintiendo liberación y alegría al poder volver a hacer deporte al aire libre tras tanto tiempo.

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Después he sentido asombro ante la cantidad de gente que he visto por las aceras, por las calzadas y también en el carril bici que he usado durante un rato. Por momentos parecía una romería. Y también he experimentado mucha curiosidad. Por ver sus expresiones, de alegría contenida en unos o manifiesta en otros y también de desconfianza también en algunos casos. Pero realmente he sentido un ambiente moderadamente festivo. Y no es para menos tras tanto tiempo encerrados.

En la parte final de mi ruta he experimentado las peores sensaciones. Mientras sentía alivio tras pedalear y sudar un rato, he experimentado cierto cabreo al ver grupos de gente, especialmente entre los más jóvenes, que claramente habían quedado para verse y dar un paseo sin respetar las normas. Tampoco he visto demasiada vigilancia durante mi recorrido. Y también, por qué no decirlo, he sentido indignación al escuchar una cacerolada a las nueve en una zona donde también se han oído algunos gritos pidiendo dimisiones mientras otros los contrarrestaban llamándoles pesados. El cainismo español es algo que me produce una gran desazón.

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Y por último he sentido tristeza al enterarme que un compañero de trabajo de mi cuñado ha fallecido por el virus. Tenía 38 años, dos hijos pequeños y ninguna patología previa. Aunque se hayan autorizado estas breves salidas, pienso que no podemos ni debemos bajar la guardia. En Wuhan estuvieron once semanas con un confinamiento extremo hasta conseguir que no hubiera ningún nuevo contagio. Aquí sigue habiendo demasiados. Creo que, pese a estos espacios de libertad, tenemos que ser muy precavidos y respetar las normas y precauciones de las autoridades sanitarias. Confiarnos sería el peor error que podemos cometer.

El mundo sin Michael Robinson y la ‘nueva normalidad’

Daniel Riobóo Buezo

Anoche en la comparecencia de Pedro Sánchez no paramos de escuchar el nuevo mantra de estos tiempos. Desescalada, fases y nueva normalidad. A mi no me gusta esta terminología. Desescalada me parece una palabra inexistente y horrible. Las fases me hacen pensar que estamos en un videojuego dónde a lo mejor somos incapaces de pasar a una nueva pantalla y tenemos que volver a la de inicio. Y la nueva normalidad parece un eufemismo que oculta que el mundo en el que hace dos meses vivíamos quizá ya nunca volverá, o al menos por una buena temporada.

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[Imagen del blog “20 segundos” del periódico 20 minutos]

Sin poder abandonar del todo el confinamiento, nos toca acostumbrarnos a nuevos hábitos y a olvidarnos o desacostumbrarnos de lo que hasta ahora era cotidiano y parte de nuestra vida. Como Michael Robinson. Todos sabíamos que su cáncer era terminal y hace una semana me habían contado que el desenlace era inminente. Supongo que por eso estaba preparado y ayer cuando escuché la noticia no me impactó tanto. O eso creía.

Durante el día actualicé un reportaje sobre su trayectoria en mi blog de deportes y leí varios artículos muy emotivos sobre alguien que, probablemente sin quererlo y sin ser yo del todo consciente, llevaba siendo parte de mi vida casi toda ella. El homenaje de su compañero inseparable de retransmisiones Carlos Martínez me pareció conmovedor. Pero por la noche a menudo nos vienen muchos pensamientos a la cabeza, aquellos que hemos ido acumulando durante el día sin procesar demasiado porque vamos con el piloto automático. Es entonces cuando tratamos de ordenarlos y darles contexto.

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[Paco González, Michael Robinson y José Ramón de la Morena en los comienzos de El Larguero de la Cadena Ser]

Siempre me acuesto escuchando algún programa deportivo de radio. Llevo haciéndolo desde los 13 años ante la incomprensión de algunas parejas. Para intentar justificarlo digo que es una de mis costumbres más arraigadas. Anoche, mientras quienes más le conocían recordaban las anécdotas y los valores de Michael Robinson, pensé que ese genio de la vida y excelente comunicador llevaba formando parte de mi vida 30 años con sus retransmisiones, y programas en radio y televisión. Y me emocioné porque supe que algo ya no volverá a ser lo mismo. Porque él tampoco será ya parte de la nueva normalidad sino que lo fue de la vida que todos estamos dejando atrás a una velocidad de vértigo.

Creo que, aún habiéndolo visto de cerca varias veces, la última hace un año en la zona de prensa del Bernabéu durante el Clásico, nunca llegué a saludarle. Me pasa a menudo. Aunque te apetezca saludar o hablar con alguien a quien admiras o sigues, no quieres molestarle y tu timidez de lo impide. Pero es curioso como hay gente que, sin conocerla personalmente, se vuelve parte de tu vida diaria, de tus rutinas, de tus costumbres. A mi me pasa especialmente con quienes escucho en la radio ya que siempre he sido un oyente tenaz. Cuando se retiran, dejan la radio o directamente fallecen siempre dejan un vacío, más o menos grande pero constante. Mi ejemplo de Michael Robinson seguro que es el mismo que cada uno tiene con alguno de los seres cercanos que se han ido en estos dos meses frenéticos, sea por el virus o no y los escucharan en la radio o fueran parte de sus vidas de alguna forma.

Siempre me acordaré de las anécdotas de Robinson cuando llegó a España, entre su despiste y falta de dominio del idioma le pasaba de todo y sabía contarlo con una gracia insuperable. Como cuando contaba que recibió la oferta para jugar en la liga española y se tiró horas buscando Osasuna en el mapa del norte de España y pensaba que debía ser un sitio pequeñísimo al no poder encontrarlo. O como cuando salió vestido de cazador una noche durante una concentración de pretemporada sin saber interpretar que sus compañeros le decían que esa noche iban a otra caza. O cuando le plantó un beso a un cura en vez de al Cristo que le brindaba en una ofrenda del Osasuna. Era un tipo que sabía reirse de sí mismo como nadie, un genio de la vida que nunca se quedó anclado en su personaje televisivo y acabó buscando historias humanas para acercarnos al deporte y a las personas en sus programas, retratando la vida misma y engrandeciendo al periodismo deportivo.

El mundo con Michael Robinson es todo lo que estamos perdiendo. El hoy, sin él, es ¨la nueva normalidad¨. Todavía no se ha ido del todo y ya echo de menos el mundo que se nos va. Aún no ha llegado la nueva normalidad y la fase 0 de momento no me está gustando nada.

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[Hace apenas dos meses Robinson retransmitió sus últimos partidos con Carlos Martínez y Julio Maldonado]

Para seguir todavía en el mundo de antes, estos días voy a ir recuperando los Informe Robinson pendientes a la espera del que sus compañeros están haciendo sobre él mismo con la entrevista final que les concedió. Aún no he visto el programa del gatillazo del Super Depor en la liga del 94. Me he resistido porque fue un episodio doloroso para ese niño ilusionado que fui aquel año y sé que me va a impactar. Lo haré un día de estos. Como homenaje a Michael Robinson, a mis propios fracasos y al mundo que irremediablemente se nos va.

Cuarentena ‘Deluxe’

Daniel Riobóo Buezo

Casi nunca suelo seguir la prensa rosa pero estos últimos tres días ha sido prácticamente imposible no enterarse mínimamente del MerlosGate, recordando a la famosa serie de triángulos amorosos Melrose Place. Cuando saltó a Twitter el famoso clip me pareció divertido y al saber quienes eran suponía que traería cola, pero no imaginaba que tanta. Y menos ahora con el drama que supone la pandemia que estamos viviendo.

Por si alguien aún no conoce la historia, básicamente es la siguiente. Mientras Javier Negre y Alfonso Merlos, dos periodistas controvertidos y muy politizados contra el gobierno, hablan en directo en una videollamada de un polémico programa de internet, aparece una chica semidesnuda pasando por detrás de Merlos. Este no se da cuenta pero la cara de Negre es de auténtica sorpresa. Inmediatamente el vídeo salta a las redes sociales y enseguida se desvela que la mujer es Alexia Rivas, periodista del corazón. Supuestamente Merlos mantenía una relación con Marta López, una ex concursante de Gran Hermano y habitual de los programas de corazón.

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Poco después, esa captura de la videollamada, a pesar de haber sido retirado el vídeo de youtube, sigue circulando viralizándose exponencialmente y desatando una cascada de consecuencias. En el sainete no falta de nada. Hay supuestos cuernos y otras infidelidades varias, acusaciones de saltarse el confinamiento, reproches cruzados de falta de lealtad y, finalmente, sus consecuentes rupturas de relaciones sentimentales y de amistad entre los implicados. No entro en más detalles pero es un auténtico folletín, nunca mejor dicho.

Anoche el programa Sálvame Deluxe de Telecinco trató el culebrón de moda entrevistando a dos de los afectados, Marta López y Javier Negre  y parece que ha batido récords de audiencia y hoy sigue siendo casi más comentado que la propia actualidad de la crisis sanitaria. Su presentador Jorge Javier Vázquez, ha vuelto a reivindicarse como un icono mediático.

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Siempre me ha llamado la atención la capacidad de estas historias por despertar el interés de la audiencia. Los asuntos del corazón, sobre todo cuando afectan al bajo vientre, parecen irresistibles para mucha gente y en España hay toda una industria del entretenimiento que gira en torno a ellos. A mi personalmente no me atrae la prensa rosa, dudo de su contribución educativa y prefiero dedicar mi tiempo libre a otros contenidos. Pero respeto que para muchos suponga una forma de evasión y diversión. A veces es difícil resistirse a su atracción y esta polémica ha vuelto a darle una oportunidad. Y es que el cotilleo siempre vende, en todos los ambientes y esferas de la vida pública.

El humor en tiempos de pandemia

Daniel Riobóo Buezo

Cuando llevas mes y medio confinado, tienes altibajos anímicos y puntualmente te encabronas soberanamente, el humor es más necesario que nunca. A mi a veces me sale el tiro por la culata cuando quiero desahogarme porque entro en Twitter o en Facebook buscando algo de humor y acabo leyendo publicaciones o comentarios que sólo consiguen crisparme. Pero en esos momentos he decidido buscar directamente a los humoristas. Son la mejor terapia posible.

Así, los viernes por la mañana espero salivando el nuevo sketch de Pantomima Full. Sus  sketces sobres las tipologías humanas de los españoles en 2020 nunca decepcionan. ¿Quién no tiene algún amigo así o se ha sentido reflejado en sus vídeos?

           

También hacer una visita a la web de El Mundo Today te da un ángulo surrealista e impagable de la actualidad. De hecho a veces hay noticias reales que incluso pueden parecer suyas y es que la realidad a menudo supera a la ficción.

Las revistas satíricas tampoco faltan fieles a su cita. El Jueves lleva desde 1977 riéndose de todo y descubriéndonos a algunos de los mejores escritores y dibujantes del cómic para adultos. Desde 2012 Mongolia le acompaña en la tarea y al humor y la sátira también añade reportajes de investigación. El Jueves se publica los miércoles y Mongolia tiene periodicidad mensual en los quioscos pero comparten parte de sus contenidos en sus webs y perfiles en redes sociales.

Portada El Jueves

Si hablamos de humoristas gráficos actuales, tenemos a grandes clásicos en prensa como Gallego & Rey, Idígoras & Pachi o Ricardo en El Mundo, El Roto, Peridis, Carlos Romeu y el añorado Forges en El País, Martinmorales en ABC, Mauro Entrialgo en Público, Malagón y un largo etcétera.

Chanantes

Además tenemos a los grandes cómicos de televisión y teatro que también están presentes en redes sociales e internet como Andreu Buenafuente, Berto Romero, el Rat Pack manchego de los chanantes con Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López, Raúl Cimas, Pablo Chiapella y Carlos Areces. También el trío que forman David Broncano, Ignatius Farray o Quequé  en La Vida Moderna en la radio y sus programas de tele. Y cómo olvidar a los inimitables Faemino y Cansado. Además hay formatos nuevos y específicos más que recomendables como las portadas satíricas del gran Nico Ordozgoitila webserie “La cuarentena” de Humor Extrañe. Me dejo a muchos. Ver y escuchar su trabajo un rato cada día ahora me parece más necesario que nunca.

   

En el quehacer de los cómicos siempre está presente la eterna discusión sobre si se puede hacer humor sobre todo y sobre dónde están los límites. La última vez que fui al teatro antes del estado de alarma fue para ver la comedia “La gran ofensa”, escrita por Dani Amor. Trata precisamente los límites del humor para hacerte reflexionar sobre dónde están a partir de varios ejemplos. Realmente establecer una línea divisoria sobre qué puede ser objeto o no del humor parece casi tan complicado como subjetivo.

Delitos y Faltas

Según decía el personaje de Alan Alda en la memorable “Delitos y faltas”, la comedia es tragedia más tiempo. Creo que Woody Allen tenía razón. Todo lo dramático, con el tiempo, acaba por prestarse a la mirada cómica. Hay que ser muy cauto con sobre qué se bromea para no herir sensibilidades pero seguro que a a la larga terminará habiendo más humor sobre este tiempo de pandemia. Y es que hasta reirnos de nosotros mismos es terapéutico y liberador. Mientras seguimos encerrados, con miedo y algo encabronados, sigamos buscando a los humoristas, estoy seguro de que con su ayuda soportaremos el confinamiento infinitamente mejor.

 

Más libros y menos smartphones

Daniel Riobóo Buezo

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del libro y del derecho de autor. Lo promueve la UNESCO con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual.

La celebración se oficializó en una conferencia general de la organización en 1995 y se eligió el 23 de abril por ser una fecha simbólica para la literatura universal. Y es que aquel mismo día pero en 1616 fallecieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Además en España también se celebran San Jorge, el patrón de Aragón en homenaje a San Jorge de Capadocia, y Sant Jordi en Cataluña por herencia de la Corona de Aragón.

En este día se celebran habitualmente actos conmemorativos en toda España como la lectura del Quijote, que este año será virtual, la entrega del premio Cervantes en Alcalá de Henares o la fiesta de Sant Jordi en Barcelona, que han tenido que aplazarse. El sector editorial afronta este año una de las jornadas clave para su negocio en pleno estado de alarma y sin poder sacar los libros a la calle, algo que ha hecho de este Sant Jordi confinado una celebración con división en el sector. 

Cervantes y Shakespeare

[Ilustración: Carreño, el Universal de México]

¿Y en qué estado se encuentra la lectura en España? Según los últimos datos de Eurostat de 2018, España es el tercer país de la Unión Europea que menos gastó en libros, periódicos y papelería durante el año 2016, un 0,7 % del desembolso total de los hogares. Y esto pese a contar con una industria editorial muy productiva. También la tasa de lectura de libros y prensa por habitante en España es una de las más bajas de Europa.

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                 [Viñeta de Antonio Fraguas, Forges]

A mi siempre me sorprenden estos datos y de hecho creo que hoy en día vivimos una gran paradoja. Probablemente leemos más que nunca. Pero, ¿qué leemos? Artículos de consumo rápido en periódicos digitales y blogs, publicaciones en redes sociales o whatsapps, cientos de mensajes  de whatsapp al día. Si sumamos todo lo que leemos en cualquier formato, la suma nos dará varias horas al día.  

Pero, ¿cuando nos sentamos realmente a leer una novela, un ensayo, un cómic o un libro de poemas durante un tiempo prolongado y sin distracciones de ningún tipo? A mi personalmente cada vez me cuesta más hacerlo. Ahora mismo tengo cuatro libros bastante avanzados pero es raro que me ponga más de 20 minutos seguidos con cada uno, cada vez me cuesta más mantener la concentración.

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¿Las razones? Creo que nuestra adicción al móvil, al smartphone, la llamada nomofobia, tiene bastante que ver. El otro día escuché a un médico denominar esta adicción la heroína del siglo XXI. Puede parecer exagerado pero lo cierto es que nos está convirtiendo en lectores distraídos y que estamos perdiendo lo que llaman la paciencia cognitiva. Intentamos leer y de repente suena una notificación o, aunque tengamos silenciado el teléfono, cada pocos minutos lo consultamos rompiendo nuestra concentración. A mi esta dispersión lleva un tiempo preocupándome y estoy intentando aislarme para leer pero, en estos tiempos de confinamiento y avidez compulsiva de información, no resulta especialmente fácil.

Mi amigo Aitor Alegría, ávido lector, dice que leer al menos una hora al día debería ser obligatorio. Pero libros, centrados y sin distracciones. Estoy de acuerdo. En cuanto lo consigues hacer enseguida percibes parte de sus beneficios cognitivos. En mi caso, aunque a veces me resulte complicado centrarme en la lectura, prometo seguir intentándolo.

El Día de la Tierra y el COVID-19

Daniel Riobóo Buezo

 

Hoy 22 de abril se celebra el Día de la Tierra (oficialmente el Día Internacional de la Madre Tierra). Este año se conmemoran 50 años desde su declaración y también se cumple el cuarto aniversario de la firma del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

El primer Día de la Tierra tuvo lugar en 1970 en Estados Unidos. Aquel 22 de abril cerca de 20 millones de personas se manifestaron para protestar contra la contaminación y los derrames de petróleo y para pedir la creación de agencias medioambientales y en su momento fue el evento cívico más grande del planeta.

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[Manifestación en Philadelphia el 22 de abril de 1970, foto de Associated Press]

Su promotor fue el senador demócrata estadounidense Gaylord Nelson, que propuso instaurar este día para crear una conciencia común global a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.  

Esta presión social llevó al gobierno estadounidense a fundar en diciembre de 1970 la Agencia de Protección Ambiental y a impulsar un paquete de leyes de orientación ecologista. Posteriormente en el resto del mundo otros gobiernos también comenzaron a tomar medidas concretas aprobando leyes ambientales y creando agencias dedicadas al medio ambiente con una concienciación que no ha parado de crecer hasta hoy.

Estos días estamos comprobando el impacto visible del virus sobre el medio ambiente, ya sea a través de la mejora de la calidad del aire o de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero este impacto positivo es sólo temporal y está provocado por la desaceleración económica y el confinamiento. Lo que hace falta es que se cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre reducción de emisiones por parte de todos los países, algo que por desgracia no ocurre.

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[Imagen de Miroslava Chrienova]

La pandemia del COVID-19 nos está recordando lo vulnerables que somos y la necesidad de defender al planeta ante ésta y otros amenazas globales. Y es que como hoy bien recuerda la Organización de las Naciones Unidas, “el cambio climático, los cambios provocados por el hombre en la naturaleza, así como los crímenes que perturban la biodiversidad, como la deforestación, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva o el creciente comercio ilegal de vida silvestre, pueden aumentar el contacto y la transmisión de enfermedades infecciosas de animales a humanos (enfermedades zoonóticas)”.

El cambio climático todavía no está calificado como una pandemia pero, si no le ponemos remedio, probablemente acabará siendo considerado como tal y tendrá consecuencias aún peores a las que sufrimos actualmente. Un cambio hacia una economía más sostenible, para las personas y para el planeta, es necesario y posible.

El ejemplo de Portugal

Daniel Riobóo Buezo

Prácticamente todas las noticias que escucho sobre Portugal desde el comienzo de la pandemia y la crisis sanitaria me parecen alentadoras y casi todas las decisiones que ha adoptado, adecuadas.

Portugal decretó el estado de alerta el 13 de marzo (su significado es diferente en nuestro país vecino) mientras en España el estado de alarma se anunciaba el 14 y entró en vigor el día 16. Por entonces Portugal registraba 102 casos y ninguna muerte. Los lusos tomaron nota rápidamente de los errores cometidos en Italia y España y se anticiparon para contener la extensión del virus. Posteriormente el 19 de marzo se activó el estado de emergencia, equivalente al estado de alarma español cuando había ya cuatro fallecidos.

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A día de hoy, 21 de abril, Portugal, con una población de diez millones y medio de habitantes, registra cerca de 21 mil casos y 735 fallecidos. Según los expertos y médicos, la adopción temprana de medidas de confinamiento y el “excelente comportamiento” de la población permiten al país luso contar con una de las tasas de mortalidad más bajas de Europa, 72 fallecidos por cada millón de habitantes.

Portugal también ha dado una lección en la defensa de los intereses de los países del sur de Europa y de solidaridad con países como Italia y España. Así, en plena división en el seno de la Unión Europea por las medidas y ayudas a adoptar, el primer ministro portugués, el socialista Antonio Costa, calificó de “repugnante” el discurso económico de Holanda que culpaba a España e Italia por haber vivido demasiado alegremente y no haber ahorrado lo suficiente para poder hacer frente a una crisis que casi nadie podía prever.

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Posteriormente, hemos visto como la oposición pedía y brindaba el apoyo incondicional al gobierno, algo que en España ha brillado por su ausencia, tanto entre los partidos opositores como en una opinión pública polarizada y abonada al cainismo. Ayer mismo. Rui Rio, el presidente del conservador Partido Socialdemócrata (PSD), la primera fuerza política de la oposición en Portugal, ha remitido una carta a sus militantes en la que alerta de que atacar al Gobierno del socialista António Costa en estos momentos “no es patriótico” y llama a la unión del país.

Por último, y ante la terrible crisis económica de la que Portugal tampoco se va a librar, el presidente del país, Marcelo Rebelo de Sousa ha pedido directamente a los bancos que devuelvan el dinero recibido durante la última crisis financiera. De Sousa afirmó que ya que “cada portugués contribuyó para hacer viables los bancos, ahora que la banca ya está estabilizada es una ocasión de retribuir a los portugueses lo que hicimos”.

Esta no es la primera vez que Portugal, un país a menudo infravalorado injustamente por muchos, nos ha dado ejemplo. Ni será la última. El momento más recordado siempre será la Revolución de los claveles contra la dictadura de Salazar, uno de los episodios más admirables en el derrocamiento de un régimen autoritario en la historia moderna. La canción “Grândola, Vila Morena” fue el punto de partida de la revolución. Una vez más en esta crisis, y parafraseando a Siniestro Total, menos mal que nos queda Portugal.

Los niños y el confinamiento

Daniel Riobóo Buezo

Ayer fue el cumpleaños de mi sobrino Jorgito, el benjamín de la familia. Abuelos, tíos, primos y amigos nos grabamos felicitándole y luego su hermano Juanma montó el vídeo. Le hizo ilusión pero siempre lo recordará como un cumpleaños extraño. Este año se queda sin una celebración en condiciones, sin su acto de graduación, su viaje de fin de curso y sin el final de temporada en su equipo, el Alcobendas. Pero Jorge, como Juanma y como muchos otros niños, está aguantando el confinamiento sin quejarse, dándonos una lección a los mayores.

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Ahora mientras se concreta autorizar a los niños a salir un rato al día desde el próximo 27 de abril, ellos siguen con sus lecciones online y jugando en casa. El hecho de ser una generación que ya de por sí juega menos en la calle que nosotros quizá les esté ayudando a llevarlo mejor. Yo con su edad estaba todo el día en la calle jugando a las chapas o al rescate y haciendo deporte en plan Sport Billy y creo que lo hubiera llevado mucho peor. Ahora a partir de cierta edad los niños son más caseros, cosas de los móviles y el fortnite.

La decisión sobre permitir salir un rato al día a los niños es polémica y su resolución peliaguda. Por un lado les serviría para que les de el aire y puedan desfogarse pero a la vez pueden contraer el virus y contagiarlo aunque sean asintomáticos. Hay opiniones para todos los gustos. Al igual que las hay sobre si debe darse por terminado el año académico y otorgar el aprobado general ante la dificultad de reanudar el curso o poder examinarse. Por eso varias Comunidades Autónomas se han rebelado ante el plan del gobierno. Lo que si parece relevante es la necesidad de que hagan deporte, aunque sea en casa, ya que tiene numerosos beneficios durante la infancia.

El otro día mi hermana me envíó este divertido vídeo sobre cómo Jorgito cumplía con sus entrenamientos. Mis sobrinos tienen suerte. Al menos pueden turnarse para sacar a pasear al perro y tienen una casa medianamente grande y con terraza. Pero si piensas en otros niños que no tienen perro al que pasear y que viven en una casa muy pequeña donde no pueden tener habitación propia, debe ser mucho más complicado soportar el confinamiento. Por eso creo que los niños también están dando ejemplo y merecen nuestro reconocimiento.

Mens sana in corpore sano

Daniel Riobóo Buezo

La expresión ‘Mens sana in corpore sano‘ viene del latín clásico y está extraída de uno de los poemas satíricos escritos por el autor romano Décimo Junio Juvenal que vivió entre los siglos I y II d.C

Concretamente pertenece a la Sátira X (línea 356) y la frase entera dice:Orandum est ut sit mens sana in corpore sano’. Creo que podemos traducirla por debemos orar por una mente sana en un cuerpo sano, si mis tres años de latín y uno de etimología en el instituto no me traicionan.

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Por aquel entonces la civilización romana daba una gran importancia a la formación intelectual, atlética y espiritual de los individuos. Más tarde, hacia el siglo XIX la expresión empezó a utilizarse de nuevo para popularizar las técnicas de gimnasia moderna y se le quitó la vinculación religiosa, el “Orandum est tu sit”.

Así, el binomio cuerpo y mente se asocia desde entonces para promulgar los beneficios de la vida saludable. Se han convertido en dos elementos prácticamente inseparables porque el ejercicio regular contribuye decisivamente a mantener también la mente en forma.

De esto escribe precisamente hoy Enhamed Enhamed en Deporadictos. Su artículo se titula “Cuerpo activo, mente sana”. Para quienes no le conocéis aún, Enhamed es uno de los mejores deportistas paralímpicos de la historia y además es coach, orador y psicólogo deportivo. Cuando le conocí hace seis años, inmediatamente quise entrevistarle. Posteriormente estuvo viviendo en Estados Unidos y, desde hace un año, gracias a que es un buen amigo de mi novia, hemos recuperado el contacto, nos hemos hecho amigos y hasta tenemos un proyecto en mente juntos.

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Enhamed es una de las personas más inspiradoras e inconformistas que conozco, tiene una historia personal de película y siempre consigue todo lo que se plantea, en gran medida porque tiene su propio método que sigue con una disciplina inquebrantable. Además ahora durante la cuarentena ha puesto en marcha un podcast que se llama Talento de vivir.

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En uno de sus programas y en el artículo de hoy, Enhamed trata de prevenirnos del riesgo del sedentarismo, especialmente durante estas semanas de cuarentena. Pero no sólo por lograr un rendimiento deportivo determinado sino para lograr tener una vida emocionalmente equilibrada. El ejercicio tiene un objetivo en cada etapa de nuestra vida y además incide fundamentalmente en nuestro estado de ánimo, al igual que la dieta. Como él mismo comenta, aunque haya alimentos como el chocolate o el alcohol que segreguen dopamina y nos estimulen temporalmente, a la larga su consumo continuado es perjudicial.

Movernos, respirar profundamente y relajarnos, comer adecuadamente, fijarnos rutinas físicas y objetivos que vayamos cumpliendo. Todo ayuda a tener un estado de ánimo positivo y a estar emocionalmente estables, algo que en esta situación de confinamiento es más necesario que nunca.

Mi epopeya pandémica

Daniel Riobóo Buezo

Esta mañana la alarma tampoco ha sonado. Un día más no le ha dado tiempo. Los niños de los vecinos llevan todo el puñetero confinamiento puntuales a su cita. Los angelitos se han propuesto no dejarme dormir más allá de las ocho y media. Son un despertador infalible.

Tras un desayuno supervitaminado y mineralizado me he puesto manos a la obra. En el vídeo que publicamos hoy hay un truco de magia que nos había pasado desapercibido. Nos hemos reído con ello. Al fin y al cabo un problema de raccord lo tiene cualquiera…

Llevaba varios días ajetreados sin poder ir a hacerle la compra a mi padre. Quienes creían que trabajar desde casa era un chollo ya se habrán dado cuenta de que el teletrabajo no era la panacea. El último mes he hecho más horas extra que Kunta Kinte. Al menos los viernes teóricamente hacemos jornada reducida y hoy he terminado pronto por fin.

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Así que, ufano y liberado, he abierto el armario para decidir qué ponerme. La elección ha sido ardua entre los tres pantalones de chándal y las tres sudaderas. Me he puesto los más elegantes, el chándal de vestir y la sudadera casual. Llevo un mes del pijama al chándal y viceversa. El calzado tampoco me crea quebraderos de cabeza. O pantuflas o zapatillas.

Tras dudarlo, al final de decidido ducharme para ir al supermercado. Al Mercadona se puede ir en chándal pero nunca oliendo a tigre. Al mirarme en el espejo me han sorprendido dos cosas. Por un lado mi palidez vampírica producto del confinamiento y de haber estado sin afeitarme un mes. Por otro mi pelo. Si ya de por si mis remolinos lo hacen indomable, ahora directamente tengo un pompón digno de los Jackson Five.

Quería ir en coche para no ir tan cargado y por moverlo un poco. Ha sido imposible ponerlo en marcha tras tres semanas parado. En mi cabeza escuchaba el “¡¡trata de arrancarlo, Carlos!!” pero, al igual que Carlos Sáinz y Luis Moya, también he perdido mi rally. He pedido consejo a los amigos pero tampoco me han ofrecido ninguna receta milagrosa así que intentaré resucitarlo en junio.

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De camino al supermercado me ha sorprendido la frondosidad de las zonas verdes. He respirado profundamente y, antes de entrar, me he dispuesto a estrenar mi flamante mascarilla de pico de pato. Espero que nadie me haya grabado intentando ponérmela porque me ha costado tres intentos. Y ni siquiera así he conseguido hacerlo del todo bien.

Una vez dentro parecía estar en el escenario de una peli de ciencia ficción entre tanta gente con mascarillas, viseras y artilugios varios. Ante mi tenía una misión complicada: completar la detalladísima lista de la compra que me manda mi padre. Esa tarea incluye abrir con guantes las bolsitas de plástico para la fruta, una tarea solo al alcance de microcirujanos. El primer día mi fiabilidad como personal shopper fue parecida a la de un test chino defectuoso. He ido mejorando y, aunque tengo un problema de orientación crónico, ya consigo encontrar casi todo lo que me pide. Eso si, al final he vuelto a fallar en una cosa pero todavía aspiro a alcanzar la perfección.

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Al bajar por la rampa mecánica hacia la caja me he despistado haciendo una foto de la compra, se me ha escapado un poco el carro y he estado a punto de atropellar a un señor. Por suerte él no se ha dado cuenta pero he sentido miradas de desconfianza de los que subían por el otro lado.

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Creo que pocas veces he sentido tanta claustrofobia como durante ese rato con la mascarilla. Ni tanta liberación como al quitármela. Si vamos a tener que llevarlas cuando por fin podamos salir a la calle igual sigo con el confinamiento voluntario.

Después he ido cargado como una mula hasta casa de mi padre y he bromeado con mis antiguos porteros mientras el ascensor subía las bolsas y recibía el OK del General Patton. Misión cumplida. Mi padre ha agradecido mi titánica tarea desde la ventana y me ha hecho una foto para la posteridad.

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Diez minutos después he llegado a casa, he colocado mi compra y me he obsequiado con un manjar: una lasaña de salmón y espinacas. Me sale de maravilla. Os paso la receta: tres minutos en el microondas. Tiembla Ferrán Adriá.

Aquí ha terminado mi aventura. El resto del día pienso dedicarlo a mis hobbies y a tomar una cibercerveza con los amigos. Me lo merezco. También los superhéroes cotidianos tenemos derecho a descansar.

Finales sin despedida

Daniel Riobóo Buezo

Uno de los dramas silenciosos, ya asumidos pero igualmente dolorosos de esta pandemia es el de los finales sin despedida. Hoy he conocido de primera mano uno de ellos, el del padre de una persona muy cercana a mi familia. Ha fallecido en una residencia en la que llevaba muy pocos meses. No han podido ni verlo ni juntarse para brindarle una pequeña despedida. Tan sólo han recibido en casa una urna con sus cenizas. Lo ha afrontado con una resignación y fortaleza admirables.

Perder a alguien tan importante en tu vida siempre es terrible. Y en las condiciones actuales debe generar un sentimiento de impotencia enorme al no poder ni siquiera despedirte. Cada día los que nos dejan son un numero más de una estadística que no parece tener fin. Pero todos tienen una historia personal detrás, una vida que en muchos casos se está apagando sin tener a nadie cerca, sin un homenaje, sin un merecido adiós.

Otros sí reciben un reconocimiento, también más efímero de lo normal, porque destacaron en alguna faceta artística o con mayor repercusión social. Es el caso del escritor chileno Luis Sepúlveda, fallecido hoy también por coronavirus. Se ha ido muy pronto, con setenta años, la misma edad que tenía Antonio José Bolívar Proaño, el protagonista de “Un viejo que leía novelas de amor”, la maravillosa novela que le consagró. Con ella Sepúlveda ganó el premio Tigre Juan de Oviedo y desarrolló una prolífica y celebrada carrera literaria mientras seguía enamorándose de Asturias, en donde se quedó a vivir hasta hoy.

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Con homenaje o sin él, al final la muerte nos iguala a todos. Ya lo glosó Jorge Manrique en forma de copla hace más de cinco siglos.

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir;

allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir;

allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos,

y llegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos”.

Teletrabajar y teledirigir

Daniel Riobóo Buezo

La implantación del teletrabajo es imparable. Ya lo era antes de la pandemia y ahora todavía lo será más. El teletrabajo no sólo busca un ahorro de costes para la empresas, aprovechar el tiempo de los desplazamientos o una mayor posibilidad de conciliación familiar del trabajador. El teletrabajo es un cambio empresarial y cultural, una adaptación del mundo laboral al siglo XXI. Una modernización que estaba a medio hacer y que desde ahora se acelerará.

Datos y ejemplos de teletrabajo

No todas las industrias, profesiones o puestos permiten el teletrabajo. Pero en muchos casos sí pueden hacerlo, ya sea todo el tiempo o al menos parcialmente. Un camarero, un actor de teatro o un operario de una fábrica normalemente no pueden trabajar desde casa pero sí un informático, un profesional del diseño o incluso un teleoperador. Actualmente alrededor de un 8,3% de los ocupados en España practican el teletrabajo, ya sea de forma ocasional o más de la mitad de los días de su jornada laboral, según los datos aportados por el INE. Son cifras aún muy bajas que van a ir aumentando progresivamente. Ya lo están haciendo puntualmente durante el estado de alarma y lo seguirán haciendo de forma sostenida y continuada posteriormente.

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                  [La imagen es de Alexandra Koch]

Sobre los beneficios del teletrabajo hay muchos datos y ejemplos. Por ejemplo, el de Ctrip, la mayor agencia de viajes de China. En 2017, mucho antes de la pandemia, esta empresa envió durante varios meses a decenas de trabajadores a teletrabajar durante al menos 4 de los 5 días laborables para medir los resultados en rentabilidad, productividad y percepción de la empresa por parte del empleado. Los resultados fueron muy satisfactorios: la productividad aumentó una media del 20%, el absentismo se redujo y los empleados manifestaron estar mucho más contentos con las condiciones laborables, ya que, dadas las largas distancias que hay que recorrer en Pekín, se ahorraban estrés, dinero y tiempo en transporte.

John Roberts, una de las eminencias en EEUU en el campo de organización de empresas, explica este ejemplo y anima a las grandes corporaciones a probar este sistema de trabajo en esta entrevista del Observatorio Vodafone de la Empresa.

           

Consejos para teletrabajar

En cuanto a los consejos para teletrabajar, los expertos inciden en elegir un sitio luminoso, preferentemente con luz natural, y alejado de los lugares de paso, la cocina y la televisión.  También recomiendan vestirse para trabajar para diferenciarlo de la vida personal. Además es conveniente establecer una rutina y un horario con sus correspondientes pausas e incluso se pueden establecer franjas horarias concretas dedicadas a cada cometido o cliente específico. La disciplina y la organización son fundamentales.

Otro concepto importante es la deslinealización del horario. Como relata el periodista especializado en teletrabajo David Blay “Yo no tengo un horario lineal. Hago las cosas que tengo que hacer en los momentos que veo que tengo que hacerlo. No sumo las horas, sumo si he hecho las cosas o no. Siempre estoy medio día fuera de casa, por ello cuando me siento frente al ordenador tengo que ser hiperproductivo”. Se trata de cumplir unos objetivos organizándote bien y adecuando tus horas de trabajo para alcanzarlos dentro de los plazos acordados con la empresa. Es decir, teletrabajar permite la flexibilidad pero exige responsabilidad.

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           [Mi rinconcito de teletrabajo es muy mejorable]

La tecnología juega un papel fundamental en la interacción con compañeros y clientes. Además del tradicional correo electrónico y el indispensable whatsapp, hay herramientas específicas. Para las reuniones online y las videollamadas hay diversas plataformas tecnológicas como Zoom, Skype, Microsoft Teams o Hangouts mientras Slack es la herramienta de trabajo colaborativo más utilizada en la actualidad.

Aprender a teledirigir

El teletrabajo tiene dos grandes protagonistas: los trabajadores y los empleadores o jefes de equipo. Si empleados y profesionales deben aprender a teletrabajar, también empleadores, jefes y clientes tienen que aprender a teledirigir . Y al igual que el trabajador debe cumplir sus objetivos, las empresas también tienen que respetar sus horarios y periodos de descanso. Estar en casa no significa tener total disponibilidad. Y es que, lejos de la creencia habitual, en casa se suele trabajar más por la culpabilidad asociada a no estar en la oficina. Por eso en muchos casos es conveniente pactar unas condiciones de teletrabajo de la misma forma que tenemos unas normas y horarios establecidos cuando trabajamos presencialmente.

¿Por qué lo llaman ‘desescalada’ cuando quieren decir descenso?

Daniel Riobóo Buezo

Es la palabra de moda. Desescalada. No es precisamente eufónica pero su adopción es imparable. La escuchamos a todas horas y en varios ámbitos. Por una parte para simbolizar el deseado descenso en la curva de la pandemia. Por otra para reflejar una rebaja paulatina de las condiciones del confinamiento que permita, por ejemplo, que los niños puedan salir un rato a la calle o que incluso podamos salir a hacer deporte manteniendo la distancia de seguridad. Y también está cobrando vigencia como expresión de la necesidad de reducir la tensión política. El propio presidente Pedro Sánchez la ha utilizado para pedir a los partidos de la oposición que rebajen sus acusaciones y apuestes por la cooperación en lugar de la división.

Pero, ¿de dónde viene este uso sustantivado de la palabra escalada? Como en tantos otros casos, del inglés, del verbo `to escalate’. Pero en español no existe desescalada, no figura en el diccionario. Sí existe escalada, con varias acepciones, hasta cuatro. Las dos más utilizadas son subir por una pendiente a una gran altura, una actividad emparentada con el alpinismo y el aumento rápido y alarmante de algo como los precios o los gastos. Pero su teórico antónimo, desescalada, no existe en el diccionario de la RAE.

Desescalada

Ante su uso masivo, la Real Academia de la Lengua Española ha señalado que es recomendable “evitar los calcos del uso del inglés ‘to escalate'” en el idioma español. Así, la RAE recomienda utilizar términos como ‘aumentar’ o ‘intensificar’ en lugar de ‘escalar’. Y en el caso de ‘desescalar’, recomienda en su lugar el uso de ‘reducir’, ‘disminuir’ o ‘rebajar’

Si bien en determinados contextos como en la tecnología, la música o el deporte adoptar o traducir anglicismos puede ser más comprensible, su invasión a cualquier precio no está justificada y tiene consecuencias. Teniendo una lengua tan rica como el castellano con multitud de palabras que pueden utilizarse perfectamente, ¿por qué adoptar tanto préstamo? Dejemos de desescalar y pensemos en reducir y rebajar, ya sean las condiciones del confinamiento o la crispación política.

Hagamos el amor y no la guerra

Daniel Riobóo Buezo

Estoy harto. Harto de ver como cada día siguen muriendo centenares de personas. Harto de que parezca imposible controlar el maldito virus. Harto de estar confinado y no poder ver a mi novia, familia y amigos. Harto de los bulos y de la desinformación. Harto de la crispación política. Harto de la falta de unión ante el problema más grave al que se han enfrentado España y el mundo en muchos años. Harto del cainismo. Harto de discutir de política. Harto de ver y hasta de participar en discusiones en redes sociales y grupos de whatsapp. Harto de que esta situación esté provocando rupturas personales y hasta en algunos casos familiares. Incluso estoy harto de estar harto.

La prensa está más dividida y polarizada que nunca y cada vez que entras en Twitter para informarte o compartir algo que crees útil o práctico acabas leyendo más comentarios de los que deberías y, por lo menos yo, bastante enfadado. Lo mismo ocurre en algunos grupos de whatsapp, al final termina hablándose de política y llegan los enfrentamientos. Supongo que el hecho de estar encerrados en casa, y en el caso de mucha gente además sin poder trabajar, enciende la ira. Pero si lo piensas fríamente creo que no tiene sentido. No nos hace ningún bien psicológicamente sino todo lo contrario.

No sé vosotros pero pienso que esta situación está provocando una polarización política brutal. Al final está ocurriendo a nivel nacional lo mismo que ha pasado en Cataluña con amigos y hasta familiares enfrentados y discutiendo continuamente. La crispación que vivimos es ya insoportable. Detengámosla de una vez o nos hará daño y enfrentará durante mucho tiempo.

Hoy es el día internacional del beso. Como decía John Lennon en Mind Games, “quiero hacer el amor, no la guerra, se que lo has escuchado antes”.

Viajar en el tiempo

Daniel Riobóo Buezo

Me encanta viajar. He estado en cerca de cincuenta países y quiero seguir ampliando la lista mientras pueda. Esta Semana Santa, como todos, me he quedado en casa por primera vez en mucho tiempo. Por no haber, este año no ha habido ni procesiones, salvo las de entrada a los supermercados.

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                              [Sierra Nevada, Semana Santa de 2019]

Realmente ahora mismo nuestros viajes son lo de menos. Lo importante es salvar el mayor número de vidas posible y superar la pandemia pero creo que también es conveniente desconectar y evadirnos. Y pensar en ellos es una buena forma.

Así que estos días de confinamiento sólo nos queda la opción de viajar en el tiempo. Subirnos a nuestro Delorean, ponernos el chaleco de Marty McFly, activar el condensador de fluzo (o flujo) y retroceder al pasado para revivir nuestros recuerdos o adentrarnos en el futuro fantaseando con los destinos que visitaremos cuando todo esto haya pasado.

Marty McFly

A todos se nos han estropeado los planes. En mi caso aún tengo pendientes vacaciones de 2019 y tenía pensado aprovechar los festivos para una escapada de desconexión. Antes ya se me canceló un viaje a la nieve y tampoco podré ir a la Final Four de la Euroliga en mayo ni a mis festivales de música favoritos.

Lo mismo me ha ocurrido con las vacaciones previstas en verano. Tenía entradas para todos los partidos de la selección en la Eurocopa multisede y esos pequeños viajes salteados por Europa van a tener que esperar a 2021. También soñaba con poder ir a los Juegos Olímpicos de Tokio. Tengo pendiente vivir unos Juegos y muchas ganas de conocer Japón desde hace años. También ese sueño tendrá que retrasarse. Afortunadamente este cambio de planes tiene fácil remedio: esperar otro año.

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                   [Foto en Kiev, Ucrania, tras la victoria en la final de la Eurocopa 2012]

Ante la tozuda realidad, siempre podemos viajar en el tiempo. Siempre he fantaseado con hacerlo. Me encantan las ficciones sobre viajes temporales. Películas como El Planeta de los Simos, Terminator, Doce monos o las más recientes Interstellar o La llegada. También comedias como Regreso al futuro, Midnight in Paris o la encantadora Atrapado en el tiempo. Igualmente series como la histórica Doctor Who o la sorprendente El Ministerio del tiempo o novelas como la precursora La Máquina del tiempo.

Atrapado en el tiempo

Aunque recobremos la normalidad paulatinamente, parece que nuestra vida va a cambiar hasta que se descubra y distribuya una vacuna o se logre neutralizar al virus de otra forma. Probablemente no podamos viajar al extranjero durante una buena temporada. Yo firmaría si al menos podemos disfrutar nuestras vacaciones moviéndonos por España. Por suerte tenemos un país maravilloso con infinitos destinos y posibilidades. Mientras tanto, seguiremos viajando en el tiempo.

Ante el confinamiento, deporte retro

Daniel Riobóo Buezo

Los deporadictos estamos viviendo una situación paradójica estas semanas. Por un lado nos hemos quedado chafados sin poder ver la fase decisiva de las temporadas de fútbol y baloncesto y de los demás deportes de equipo, sin los Master 1000 y Roland Garros, sin las Clásicas de primavera y el Giro de Italia, sin la temporada y el mundial indoor de atletismo, sin los mundiales de Fórmula 1 y motociclismo y, de postre, nos vamos a quedar sin la Eurocopa de fútbol y los Juegos Olímpicos. Pero por otra parte, la pandemia y el confinamiento mundial están obligando a las televisiones y canales de deporte a reinventarse y podemos revivir los mejores momentos deportivos de las últimas décadas.

Las hazañas de Perico, vuelven al presente. Fotografía de Ciclismo a Fondo.

El auge del deporte retro

El deporte es una vía de escape para muchos y estos días la necesitamos más que nunca. De ello han tomado buena nota las televisiones. Tanto Teledeporte, como Gol Televisión o los canales temáticos deportivos de Movistar+ están recuperando verdaderas joyas del deporte. Sin ir más lejos, en estas últimas semanas he podido ver eventos que por una razón u otra no pude ver en directo en televisión en su momento.

Uno de los primeros fue la final del mundial de fútbol de Sudáfrica de 2010. No la vi en televisión entonces porque tuve la suerte de vivir el mundial in situ y estuve en el Soccer City.  Lo hice parcialmente unos meses después y alguna otra vez pero nunca entera, he preferido recordar mis sensaciones vividas en el estadio y me resistía a verla hasta el décimo aniversario. Pero cuando la emitieron en Gol TV empecé a verla, aunque la dejé a la mitad y la grabé para esperar a julio y terminar de verla.

Con Gerardo Bernardo, el mayor coleccionista de estadios del mundo, tras la final de 2010.

Estos días también he revivido algunas finales de la Copa del Rey, algunas las viví en el estadio como los Clásicos del 2011 y 2014 en Mestalla. Otras apenas las recordaba como la final de Copa del 91 y otras que me pillaron en edades tempranas. El baloncesto también nos ofrece momentos suculentos con finales de Copa, Euroliga, NBA o las recurrentes hazañas de la selección española. Sin ir más lejos el otro día revisité aquella histórica final de Recopa en la que Drazen Petrovic anotó 62 puntos al Snaidero de Caserta.

Drazen Petrovic anotó 62 puntos en la histórica Recopa del 89 del Real Madrid.

También he podido revivir la final épica de Roland Garros en 1989 en la que una adolescente Arantxa Sánchez derrotó inesperadamente a la entonces invencible Steffi Graf. Me pilló precisamente en una clase de tenis. Nuestro profesor desaparecía y nos dejaba solos cada poco tiempo para ir a escuchar en la radio lo que iba sucediendo. De repente se esfumó durante quince minutos para luego regresar gritando como un loco: “La vicario campeona, la vicario campeona”. Aunque era un niño, es un momento que me quedó grabado.

Estos días también estoy ajustando cuentas con algo que me faltaba. Estoy reviviendo a través de Teledeporte el Tour de 1993, el tercero seguido de Induráin y que es el único que me perdí al completo porque estuve todo el verano aprendiendo inglés en Estados Unidos. Entonces tan sólo me enteraba de lo que pasaba a través de las llamadas de mi padre, que me informaba puntualmente pese a que no es un gran aficionado al ciclismo. Ahora por fin puedo ver como Induráin despachó la amenaza de Tony Rominger con una exhibición más. Y qué decir de los Tours de Pedro Delgado, desde las desgracias recurrentes a sus celebrados hachazos y su paseo militar en 1988, por fin estoy poniendo imágenes nítidas a lo que eran recuerdos parciales y hasta el mismo Perico afirma que las está disfrutando como no había podido hacer hasta ahora.

Y es que recuperar las grandes etapas de ciclismo en la sobremesa ha sido una gran idea por parte de Teledeporte. Para que los aficionados las podamos revivir y por su valor terapeútico para otros, como somnífero infalible.

Confluencia de nostálgicos y jóvenes curiosos

Recuperar estos grandes momentos del deporte tiene dos destinatarios claros. Por un lado los nostálgicos estamos encantados recuperando nuestras memorias deportivas y viendo desde otra perspectiva lo que en su momento nos emocionó o nos decepcionó tanto. Desde hace unos años ya teníamos esa posibilidad gracias a los maravillosos documentales de Conexión Vintage de Paco Grande en Teledeporte o del curioso y recomendable blog “¿Qué fue de?” de Eduardo Casado sobre deportistas olvidados en 20 minutos.

Conexión Vintage lleva ocho años recuperando el mejor deporte con documentales.

Por otra parte, las generaciones más jóvenes están descubriendo aquellas gestas y poniendo caras e imágenes a las batallitas deportivas de padres y abuelos. Es una buena forma de que las familias puedan compartir juntos emociones deportivas, algo que reafirma los vínculos.

Además, estos refritos televisivos tienen un valor incalculable para nuestro archivo. Yo me estoy dedicando a grabar bastantes. He tenido que hacer sitio en mi disco duro para tener espacio. Cuando todo esto pase espero poder invitar un día a casa a amigos deporadictos para revivir algunos de esos momentos juntos.

Sin Juegos de Tokio en 2020 pero con aperitivo para 2021

Como todos sabemos, los Juegos de Tokio al final también han tenido que aplazarse hasta 2021. Serán una paradoja porque Tokio 2o20 tendrá lugar en 2021 pero seguirán siendo los de 2020, sin duda serán unos Juegos para la historia.

Fotografía Olympic.org

Así las cadenas tienen que hacer frente a la pérdida de ingresos por no poder retransmitirlos y a la vez motivarnos para el año que viene. La solución: recuperar los grandes momentos de las últimas ediciones. Así, la NBC va a recuperar en EEUU desde el lunes 13 los mejores momentos de Beijing 2008, Londres 2012 y Rio 2016. En España seguro que TVE, la propietaria de los derechos, también recuperará pronto el olimpismo vintage en Teledeporte, tan sólo hay que estar atentos a su programación. No sé vosotros, pero yo creo que ya tengo plan para las tardes de agosto.

Todos esperamos que el deporte pueda reanudarse cuanto antes, aunque sea a puerta cerrada. Así, podremos disfrutar de los finales de liga y competiciones europeas o del Tour de Francia. Esa reanudación supondrá un chute de optimismo para todos y una muestra de que finalmente el mundo comienza a vencer a la pandemia. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del deporte retro. Preparad las palomitas y las emociones.

*El artículo también ha sido publicado en Deporadictos, mi blog de deportes.

Parejas ejemplares

Daniel Riobóo Buezo

Hoy es el aniversario de boda de mis padrinos. Olga y Manolo llevan 55 años casados. Y algunos más previamente de novios. Toda una vida. Cuando hace cinco años celebraron sus bodas de oro hicieron una gran fiesta familiar en Guadarrama, el pueblo en el que siempre han descansado y respirado en los asfixiantes veranos madrileños. 

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Aquel 10 de abril de 2015 nos juntamos las tres generaciones de la familia más su amigos, al menos cuarenta personas, ya pierdo la cuenta con tantos sobrinos. Fue un día muy emotivo.

Foto de Familia

Ahora algunas parejas nos quejamos por no poder vernos durante el confinamiento. Mis tíos estuvieron varios años viéndose lo que podían porque Manolo estaba preparando sus oposiciones a conciencia y tenía poco tiempo libre. Llegó a aprobar hasta cuatro: comisario, juez, fiscal y magistratura. Seguro que el apoyo y la paciencia de Olga contribuyeron a que lo lograra y pudieran por fin casarse.

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Y es que mi tío Manolo es probablemente una de las personas más apasionadas de su profesión y más constantes que conozco. Le gusta tanto el derecho que una vez jubilado de la carrera judicial se ha hecho abogado y además sigue preparando a opositores y da charlas como voluntario sobre temas legales a inmigrantes y distintos colectivos. 

Olga y Manolo con sobrinos

Veraneamos unos cuantos años con ellos y en la playa, en lugar de recurrir a las novelas. Manolo repasaba códigos y libros de legislación. Ha aplicado la constancia a todo. Cuando jugábamos a las palas, nos podíamos tirar cinco minutos sin que la bola cayera a la arena o al agua. Casi siempre fallaba yo, por no decir siempre, que uno también tiene su orgullo.

Lo mismo ocurría jugando al tenis. Nunca conseguí ganarle ni un puñetero set, aunque me lleve 40 años. Ya podía haber dado clases ese año o estar en la mejor forma de mi vida que nunca lo lograba. Mi tío nunca daba una bola por perdida. Era como Nadal, suponía jugar contra un muro infranqueable, llegaba a ser desesperante. Yo no era el único que sufría sus palizas en la desvencijada pista de Guadarrama. Siempre se llevaba los campeonatos de la urbanización y de la zona. Haciendo pareja de dobles mixtos con Olga también eran imbatibles. Manolo ponía el físico y mi tía el toque.

Olga y Manolo Tenis

Manolo siempre quiso que alguno de sus sobrinos estudiáramos derecho. Hasta me lo planteé alguna vez pero me tiraba más el periodismo y me entraban sudores fríos sólo con imaginar lo que me exigiría para preparar una oposición. Al final la pequeña de los diez primos siguió su vocación y actualmente Eva es una gran abogada.

Los hermanos Rioboo

Mi tía Olga es la tercera de los seis hermanos Riobóo. Es un ejemplo de generosidad. Siempre ha estado cuando mis hermanas y yo más lo hemos necesitado, especialmente en los momentos más duros que hemos vivido tras la muerte de nuestra madre. También es una de las personas más detallistas que conozco. Siempre se acuerda de los cumpleaños y hasta de los santos de todos en la familia, incluso cuando ni tu mismo te acuerdas. Cuando era muy pequeño me engañaba simulando que sacaba sugus de mis orejas. Me parecía magia y se me quedó grabado, es uno de mis primeros recuerdos conscientes.

Mi Bautizo

Olga siempre está atenta a todo, es una anfitriona insuperable y en cuanto te descuidas te hace un regalo, a menudo bordado o hecho por ella misma, entregar su tiempo a los demás es una prueba más de su generosidad. También borda los chistes y tiene una memoria increíble para acordarse de ellos. Seguro que Manolo le ha enseñado alguna técnica mnemotécnica.

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Olga y Manolo son una pareja ejemplar y admirable. Como las de mis otros tíos de mi familia paterna. Nona y Enrique, Mari Carmen y Jorge, Carmiña y Luis. Incluso podemos incluir como pareja a mi padre y a mi tío Ramón. Son los dos hermanos mayores y aunque discutir y llevarse la contraria sea una de sus aficiones favoritas, en el fondo todos sabemos que se quieren mucho.

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En mi familia materna, menos numerosa, también hay parejas admirables como las de mi prima Isabel y Pedro o la de mis tíos abuelos María Luisa y Pedro. Ella nos dejó hace poco y todavía sigo arrepintiéndome de haber aplazado tanto esa visita a Burgos para verles. Lo haré para ver a Pedro y a mi tío Pipo cuando salgamos del confinamiento y recuperemos la normalidad. También nos veremos todos los Riobóo en la tradicional reunión familiar las próximas navidades. Incluso este mismo verano, como el año pasado, para qué esperar tanto. 

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El último día

Daniel Riobóo Buezo

Hoy hace un mes desde la última vez que nos vimos. Fue el 9 de marzo, el día de mi cumpleaños. Habíamos pasado el fin de semana en Bilbao y me había pedido libre aquel lunes para alargarlo y celebrarlo juntos.

Tras un fin de semana pateando Bilbao, descubriendo el nuevo diseño de Abecedario del Museo de Bellas Artes, haciendo el monguer en el Guggenheim y comiendo de maravilla como siempre que se visita el País Vasco, llegó aquel día que, sin saberlo entonces, sería el último que nos veríamos.

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Amanecimos despacio, algo perezosos. Tras ducharme me encontré con tu sorpresa en forma de unos regalos muy especiales. Después desayunamos con calma nuestras barritas de jamón y subimos en funicular al monte Artxanda bajo el txirimiri de una mañana desapacible, típicamente bilbaina. Las vistas desde el monte son espectaculares aunque el viento retorcía continuamente nuestro paragüas y prometimos volver durante un día soleado. Tras intentar buscar sin éxito la ermita por la cima, llegamos hasta la Basílica de Begona en donde pediste un deseo que no hace falta que me contaras para poder imaginar.

Paseamos tranquilamente hasta la Alhóndiga comentando que Bilbao es una ciudad en la que no nos importaría nada vivir. Allí nos sorprendimos ante un antiguo almacén de vino en donde ves a la gente nadando encima de tu cabeza, ahora es un centro culturar y deportivo con una arquitectura singular.

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También tiene un buen restaurante, Yandiola, donde disfrutamos de un menu degustación riquísimo siendo prácticamente los únicos clientes. Era un lunes a mediodía y además las noticias empezaban a meternos el miedo en el cuerpo. Nosotros, como todos, ya llevábamos parte del fin de semana hablando sobre lo que podía ocurrir. Tu estancia dos años en Taiwan y tu buen conocimiento de China te hacía ser pesimista sobre lo que vendría.

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Recogimos las maletas en el hotel y nos fuimos pitando hacia la estación de tren porque siempre sigo apurando aunque tu seas más previsora. El viaje de vuelta fue alterado. Aunque intentábamos desconectar leyendo y viendo algún capítulo de serie, cada dos por tres nos saltaban notificaciones en el móvil. Nuevos fallecidos, aumento exponencial de los contagiados y las primeras medidas desde las administraciones. En Madrid los colegios y centros educativos cerrarían desde el miércoles y se recomendaba el teletrabajo en las empresas.

Llegamos de noche a Chamartín y rápidamente en un taxi hasta mi casa para que recogieras tu coche para ir a casa de tus padres y acompañarles el día siguiente al hospital. Nos despedimos apresuradamente. Era tarde, al día siguiente madrugábamos y no queríamos imaginar que el mundo se iba a paralizar.

Aunque nos vemos a diario a través de videollamadas, aunque nos reímos y apoyamos continuamente, ese contacto nunca puede ser ni remotamente parecido a estar juntos. Has perdido tu trabajo y estás cuidando de tus padres porque al principio su confinamiento sin ti estaba siendo infinitamente más duro para ellos. Nos separan veinte kilómetros y, sobre todo, unas ganas enormes de vernos. Mientras sigo deseando que tu deseo a la Vírgen de Begoña se haga realidad espero que el mío igualmente pueda hacerlo. Creo que también sabes cual es.

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P.D. Tienes que crearte un blog para que podamos leer tus maravillosos microcuentos y no sólo a través de tu cuenta de instagram.

DesUnión Europea

Daniel Riobóo Buezo

En España seguimos viendo la división política por la crisis del COVID-19. Al fin y al cabo estamos acostumbrados. El cainismo español es algo casi consustancial a nuestro país. Pero ahora también estamos viendo el profundo desacuerdo en las reuniones del Eurogrupo, incapaz de encontrar un consenso sobre las inversiones y programas de ayuda para hacer frente a la monumental crisis económica que va a desatar la pandemia.

Para hacernos una idea, Bruselas calcula que el efecto de la crisis se traducirá en la peor caída de la actividad de los últimos tres cuartos de siglo. La Organización Internacional del Trabajo avisa de que si no se ponen de acuerdo el resultado será catastrófico con la pérdida de 12 millones de empleos.

Mientras Italia reclama solidaridad, Holanda se niega a la aprobación de los Coronabonos, un plan Marshall europeo por valor de medio billón de euros para rescatar a las economías de los países del sur de Europa, los más afectados hasta el momento por la epidemia y a la vez lo más endeudados. Alemania y Francia y España intentan media para alcanzar un acuerdo de mínimos de momento sin éxito y, como añadido, hoy mismo el jefe de la ciencia europea, el italiano Mauro Ferrari ha dimitido asegurando estar “decepcionado” por la gestión de la crisis por parte de la Unión Europea.

A la crisis abierta tras el Brexit se suma ahora la del cisne negro que nadie esperaba. Hace una semanas ya vimos los primeros enfrentamientos con las acusaciones de España e Italia hacia Francia y Alemania por acaparar la compra y distribución de material sanitario. Posteriormente el primer ministro portugués Antonio Costa calificó de “repugnante” el discurso económico de Holanda que culpaba a España e Italia por haber vivido demasiado alegremente y no haber ahorrado lo suficiente para poder hacer frente a una crisis que casi nadie podía prever.

Así, la vieja Unión Europea cuyo germen fue unir al continente tras la tragedia que supuso la Segunda Guerra Mundial ha ido creciendo y avanzando con sus breves periodos de parálisis. Desde sus seis miembros iniciales, pasando por su Tratado en 1993 y los 27 países actuales (tras la salida del Reino Unido) su extensión y poder han ido aumentando paulatinamente. Pero ahora mismo está viviendo probablemente la mayor crisis de su historia.

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En un momento en el que hay una disputa por el liderazgo mundial entre Estados Unidos y China, la Unión Europea, lejos de presentar su candidatura, se encuentra más desunida que nunca. Personalmente creo que es el momento de recordar sus valores: la inclusión, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la no discriminación. Bien harían los 27 miembros en tenerlos presentes más que nunca para llegar a un acuerdo y dar ejemplo a los ciudadanos porque, o nos salvamos y ayudamos todos o probablemente no lo haremos ninguno.

Las cifras de la sanidad española

Daniel Riobóo Buezo

Hoy es el día mundial de la salud, una ocasión más para agradecer a los sanitarios su enorme dedicación, entrega y valentía en la lucha contra el virus que tiene paralizado a todo el mundo. También es un buen momento para analizar en qué situación se encuentran el sistema sanitario español y sus profesionales para hacer frente a la pandemia. Por eso es conveniente analizar dos variables clave: el personal y las camas.

El personal sanitario

La proporción de personas que trabajan en la sanidad es un buen indicador del bienestar del que  goza un país. En este sentido, Europa y más concretamente los países nórdicos son los que tienen una mayor porcentaje de personal sanitario entre el total de sus habitantes. Según los datos de la OCDE, España ocupaba el undécimo lugar mundial en 2017.

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[Fuente: El orden mundial]

Si hablamos del número de profesionales sanitarios del mayor rango, es decir de la densidad de médicos por cada 100 mil habitantes, tanto España como Italia no salen mal parados. Según datos de 2019, en un ranking encabezado por Cuba, Grecia y Portugal, España es el octavo país a nivel mundial en proporción de médicos por habitantes.

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[Gráfica: El orden mundial]

El personal de enfermería realiza un trabajo fundamental en los servicios sanitarios y su número es una prueba de la capacidad para dar una mejor atención a los pacientes que tienen a su cargo. En el ranking mundial que encabezan Suiza y Noruega, España ocupa el duodécimo lugar con 532 profesionales de la enfermería por cada cien mil habitantes. 

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[Gráfica: El orden mundial]

Las camas en los hospitales

Estos días estamos escuchando que alrededor de un 80% de los infectados por el virus no necesitan ingreso hospitalario, algo que si necesita aproximadamente un 20% de los infectados con un 5% del total requiriendo el ingreso en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales.

Cuando hacemos una comparación de la capacidad hospitalaria con países que están teniendo menos infectados y fallecidos como Japón, Corea del Sur o Alemania, vemos que España o Italia tienen entre tres o cuatro veces menos camas de hospital por habitante.  Según los datos de 2019 España ocupa el décimo puesto a nivel mundial en número de camas por 100 mil habitantes.

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[Gráfica de El Orden Mundial]

Si además de las camas nos fijamos en las Unidades de cuidados intensivos, vemos que Alemania y Estados Unidos encabezan el ranking mundial con una capacidad tres veces mayor que la de España o Italia para acoger a los enfermos más graves. España ocupa el noveno lugar en camas de cuidados intensivos por cada 100 mil habitantes.

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[Gráfica de El Orden Mundial]

Hay una última gráfica significativa en cuanto al número de camas, la del porcentaje de sanidad pública y privada en Europa. Según las últimas estadísticas de Eurostat (2019), Islandia y Reino Unido (con mayoría de camas públicas pero también gestionadas de forma privada) encabezan una clasificación, la de la mayor proporción de camas de sanidad pública donde España ocupa el decimosexto lugar de Europa con un 68% de camas en la sanidad pública. 

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[Fuente: El orden mundial]

El gasto en sanidad en porcentaje del PIB

La cantidad de recursos sanitarios está directamente relacionada con la inversión que se hace en el mismo por lo que esta gráfica debería ser una consecuencia de las anteriores aunque hay una excepción, la de Estados Unidos. Según las estadísticas de la OCDE de 2019, España es el décimo país del mundo que mayor proporción del Producto Interior Bruto destina a la sanidad con un 8,9%. 

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[Fuente: El orden mundial]

Creo que estas gráficas y datos nos sirven para comprender mejor la situación en la que se encuentra la sanidad española en comparación con el resto de países en Europa y el mundo. Ahora por fin los hospitales y las UCIs empiezan a respirar tras tres semanas al borde del colapso. Y también parece que el material (respiradores, equipos y mascarillas, tests de detección), escaso al principio, está llegando para curar y proteger a quienes más expuestos están ante el virus. España es el tercer país del mundo en esperanza de vida y tenemos un gran sistema sanitario pero creo que debe ser necesario que tenga todavía más recursos, tanto personales como materiales.

*[El dibujo que encabeza el post es de Alberto Olmo Gómez]

Fake news: el otro virus

Daniel Riobóo Buezo

Mientras los contagiados y los sanitarios siguen luchando de forma denodada contra el virus, hay otra epidemia que ahora también sufrimos más que nunca. Es la pandemia de las noticias falsas, también conocidas con el término anglosajón fake news y de cuyo aumento exponencial ha alertado la propia Organización mundial de la Salud abriendo incluso un canal informativo en whatsapp.

Para delimitarlas correctamente, Wikipedia las define como un tipo de bulo que consiste en un contenido pseudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación.

La Policía Nacional anunciaba ayer que ha localizado más de un millón y medio de cuentas en redes sociales relacionadas con el virus y que se dedican a manipular y difundir noticias falsas. Además recordaba que la responsabilidad de estos mensajes falsos es de todos y pedía no transmitirlos para no convertirlos en virales.

Pero, ¿está preparada toda la población para distinguir las noticias veraces de las falsas? ¿Tiene el tiempo y el conocimiento para poder llevar a cabo una verificación adecuada? Esta infografía de la Policía Nacional puede servirnos para detectar noticias falsas.

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Todos recibimos bulos y noticias falsas continuamente, bien sea por redes sociales o a través de grupos de whatsapp. La mayoría se detectan a simple vista pero algunas no tanto, pueden estar muy bien elaboradas. Yo intento verificarlas buscando la noticia o fuente original o a través de alguna de las organizaciones y herramientas que existen como esta web que ha creado recientemente la Unión Europea o maldita.es. Pero alguna vez, como a casi todos, me la han colado. Y es que a veces nos puede la urgencia de ser los primeros en transmitir una noticia. Siempre es mejor ser prudentes. Como decía Baltasar Gracián “es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos”.

Deporte para sobrellevar el confinamiento

Daniel Riobóo Buezo

Estar sin salir de casa no significa dejar de hacer deporte. De hecho, en la situación actual practicar ejercicio me parece más importante que nunca. Y no sólo por mantenernos medianamente en forma o para no engordar sino porque ayuda a que tengamos un mejor estado de ánimo y fortalece nuestro sistema inmunitario por si en algún momento llegáramos a contagiarnos del COVID-19.

Parece más que demostrado por numerosos estudios científicos que practicar deporte de forma moderada mejora nuestra calidad de vida y hasta puede alargarla. No es sólo una cuestión física sino también de oxigenación del cerebro, de salud mental.

El sedentarismo es algo que debemos evitar siempre. Y también ahora aunque no podemos prácticamente salir. Pero podemos seguir cumpliendo los famosos diez mil pasos diarios, no sólo cuando vamos a la compra uno o dos días a la semana, sino como indica Esteban Gorostiaga, especialista en medicina del deporte, caminando en casa.

Y al igual que todos nos estamos adaptando a esta nueva realidad, también lo están haciendo las televisiones, los gimnasios, los deportistas o los entrenadores personales. En Deporadictos os hemos contado algunas de las muchas posibilidades que tenéis para hacer deporte en casa durante el confinamiento. Sólo necesitamos dos requisitos: un poco de voluntad y al menos media hora al día. Con eso debería ser suficiente.

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[Paz Llamas cuenta en Deporadictos cómo practicar deporte en casa]

A mi estos días hacer deporte en casa me está ayudando a soportar mejor la cuarentena y determinados momentos de estrés en el trabajo. Estoy haciendo la tabla del programa “Muévete en casa” de La2, sigo alguna clase de mis profesores del gimnasio en redes sociales e instagram y cuando salgo a comprar aprovecho y bajo y subo andando los seis pisos hasta mi casa. Estoy seguro de que vosotros también estáis siguiendo vuestras propias rutinas de ejercicio. Si no es así, os animo a hacerlo, ya veréis como os sentís mucho mejor.